La población tardorromana de Marialba era más alta y saludable que la medieval
El estudio antropológico de 26 enterramientos de la basílica paleocristiana desvela muchas enfermedades óseas

Detalle de los huesos analizados en el estudio antropológico. Derecha, malformación en una vértebra
Los muertos han hablado en Marialba de la Ribera. El estudio antropológico de 26 de las 237 tumbas desenterradas en la última excavación ha permitido averiguar cómo eran los pobladores de este enclave, donde no sólo se asentó una basílica paleocristiana en el siglo IV, sino que, como ha desvelado el georradar, hubo un importante asentamiento que se extendía un kilómetro hacia el norte de la iglesia. Un núcleo de población que estuvo habitado durante nueve siglos. Los expertos han centrado su investigación en los restos más antiguos de cada época histórica: dos tumbas tardorromanas, catorce visigodas y diez altomedievales (con restos de once individuos).
La primera conclusión a la que ha llegado Zoa Escudero, arqueóloga de la Fundación del Patrimonio Histórico, es que los pobladores tardorromanos (del siglo IV) eran más altos y su estado físico eran mejor que el de los medievales (siglo XI). La explicación más razonable es que estos dos grupos humanos pertenecían a distinto estatus. Probablemente, los tardorromanos analizados eran de clase alta, por tanto, mejor alimentados desde niños, como se deduce también de que sus tumbas -"de estructura de ladrillo y tipo capuccina- se hallan más próximas a la iglesia, mientras que los medievales, cuyas sepulturas están más alejadas, serían del pueblo llano. Los huesos no dejan lugar a dudas. Los tardorromanos que habitaron en Marialba eran más atléticos que los medievales; y también, más saludables. Sólo hay algo que todos estos muertos tienen en común: fueron enterrados directamente en la fosa, sin ataúd.
La mayor parte de las inhumaciones más antiguas corresponden a hombres adultos, aunque hay también cuatro mujeres y niños entre los analizados. La estatura media de los hombres en este grupo era de 1,66 metros; y la de las mujeres, de 1,56. También en las tumbas altomedievales predominan los hombres adultos, aunque hay tres mujeres, dos jóvenes y un niño.
Los esqueletos también permiten conocer cómo vivían y las enfermedades que padecían. Datos que «humanizan» un enclave hasta ahora únicamente valorado por tratarse de la iglesia paleocristiana más importante de Europa.
Artrósicos y desdentados. Más del 80% de los individuos estudiados presenta alguna enfermedad. A los expertos les ha llamado la atención algunas patologías poco comunes en los cráneos, como tumores óseos benignos o perforaciones, que podrían tener su origen en una carencia de hierro. No resulta extraño que, como consecuencia de una mala higiene, abundasen las caries, las bocas 'desdentadas' y las infecciones.
La mitad de los individuos analizados refleja alguna patología en las vértebras de tipo degenerativo; tres casos de fusión de la última vértebra lumbar al sacro, algo inusual en poblaciones arqueológicas; también roturas por espondilólisis o manifestación ósea de tuberculosis.
Las enfermedades en los huesos de brazos y piernas, como la artrosis, se revelan más comunes en la población tardoantigua examinada que en la altomedieval. Los arqueólogos han comparado los resultados de su estudio antropológico con el de los 18 individuos (11 hombres y 7 mujeres) de época medieval, salvo dos de procedencia tardoantigua, exhumados y analizados tras la excavación llevada a cabo en los años 60 que dirigió el alemán Theodor Hauschild.
Ambos grupos reflejan patologías similares, especialmente en el caso de los problemas dentales. También coinciden en los numerosos casos de artrosis, relacionada con el modo de vida y la actividad física de aquella población.
Una 'ciudad' oculta. La excavación de la Fundación del Patrimonio abarcó una superficie de 2.000 metros cuadrados, donde se localizaron 237 enterramientos, con restos de 282 individuos; más de 3.400 fragmentos de cerámica y cerca de 2.500 fragmentos no cerámicos (metal, vidrio, azabache, monedas, decoración, ladrillos, tejas, piedras y fauna).
El yacimiento tiene una extensión mucho mayor de la intuida hasta ahora y se entendería casi un kilómetro al norte de la basílica. El georradar ha descubierto importantes estructuras de construcciones soterradas al norte de este enclave declarado BIC. Sin embargo, Zoa Escudero no se atreve a calificar de ciudad a este enclave.
La solidez de los muros de la basílica -"de dos metros de ancho- permiten aventurar, en cambio, el carácter monumental que tuvo esta construcción en el siglo IV, que sería visible a gran distancia. En torno al siglo XIII el complejo religioso estaba desmantelado y en proceso de ruina. También se sabe que en la construcción de la iglesia de Marialba se reutilizó material procedente de un asentamiento militar romano en las inmediaciones, de entre los siglos I y III.