TOROs. FERIA DE SAN ISIDRO

Rotundo César

EUGENIO DE MORA / CÉSAR JIMÉNEZ / JAVIER CORTÉSPlaza: Las Ventas. 21ª de abono. Lleno.Ganadería: Cinco toros de Peñajara, bien presentados y de juego desigual, destacando el buen segundo, extraordinario toro. Los otr

César Jiménez durante la faena a su primero.

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juan miguel núñez | madrid
León

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Dos orejas, una en cada toro, de muy distinto significado, las que cortó César Jiménez para salir a hombros por la Puerta Grande. Dos orejas, hay que advertir, de una absoluta rotundidad. La primera fue escasa para el reconocimiento que mereció la faena.

Aunque todavía faltan dos días para que caiga el telón de la feria, ya se puede aventurar que esa faena de Jiménez a su primer toro va a tener consideración de «la mejor» del serial. Mal que le pese al presidente, que jugó a la contra, remoloneando para sacar el pañuelo, que aguantó hasta el último instante para cansar al público en la petición, y evitar así el doble trofeo. Malvada estrategia para negar y reconocer lo evidente: la faena más exacta y rotunda, la más compacta y bella, la más emotiva también por las características del toro, que aún teniendo clase fue muy fiero y exigente. La faena de la feria, para ser claros. La más importante con diferencia de las que se han llevado a cabo este mes de mayo en Las Ventas, dicho sin querer hacer de menos a Alejandro Talavante y a José María Manzanares, premiados cada uno de ellos con el doble trofeo de un toro. Gran toro el primero, sí, pero había que estar ahí. Siempre se ha dicho de estos toros que son los que descubren a los malos toreros, puesto que son los pueden dejarlos en evidencia. Y habría que aplicar esa misma fórmula pero con la variante de que es ahí donde hay que ver también a los buenos toreros, caso de César Jiménez. ¡Qué maravilla de torero!

La faena resultó maciza por la forma que tuvo el torero de afrontar el reto, muy plantado y firme. Y bella y emotiva, de una extraordinaria hondura, por la interpretación, de mano muy baja, con media muleta barriendo la arena. Figura de notable empaque y arrogancia, de mando y poderío, de mucha suficiencia. Mejor si cabe por el pitón derecho, aunque al natural también hubo pasajes de alta nota. Al caer el toro tras la estocada, la plaza se puso blanca de pañuelos como nunca había estado esta feria. Le faltó sensibilidad al presidente para haber sacado el primer pañuelo mucho antes de que las mulillas estuvieran a punto de arrancar para el desolladero. Muy mal «el Palco». Menos mal que todavía hubo oportunidad para redondear la tarde, con el sobrero de Carmen Segovia que hizo quinto, aunque mirándolo bien tampoco fue tal oportunidad, pues no fue nada claro este toro, berreón y un punto violento. Jiménez -quien sabe lo que busca encuentra lo que quiere- estuvo muy despejado de ideas y, de nuevo, con firmeza consiguió imponerse al astado en una faena también de interesantes apuntes. De nuevo funcionó la espada a la primera, y cayó la otra oreja con la que tan merecidamente iba a abrir la Puerta Grande.

Del resto del festejo hay que señalar que Eugenio de Mora, con un lote infumable, estuvo muy digno. Javier Cortés pasó algunos apuros con el tardo y bronco primero.

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