TELEVISIÓN
Interior de nube
El invento del maligno. José Javier Esparza
Aprieta el sol, que despeja por fin el mapa meteorológico de las televisiones. La península va quedando libre de los símbolos de fenómenos amenazantes. Hasta se anuncia una boda entre meteorólogos televisivos, que pueden embarcarse en una luna de miel ahora que la audiencia abandona la visión de su programa post-telediario.
¿Dónde se van las nubes? Cirros, nimbos, cúmulos, estratos y otras formas en estado gaseoso no estarán a la vista, pero tampoco desaparecen. Tienen una nueva vida en la jerga de lo virtual, que se ha engullido otro elemento de realidad: la nube, nuevo concepto clave en el mundo de lo digital. En sus Seis propuestas para el nuevo milenio, Italo Calvino colocaba como la primera de ellas la levedad. La nube, como realidad y como concepto, cuadra perfectamente en este apartado, que tiene su contrario en el peso. Hablamos ahora de que -pesan- los documentos que enviamos por red, aunque estén hechos de bits invisibles e inmateriales. Se mueven por las redes y en ocasiones colapsan ante el tráfico pesado. Por eso había que inventar unas nuevas nubes: Un lugar virtual en el ciberespacio que acumule nuestros trabajos digitales sin que formen parte de las maquinas-ordenadores-memorias que tenemos en la oficina o en casa. Las empresas nos ofrecen colocar ahora nuestros trabajos de ordenador en una nube. Nos venden como beneficios de este cajón de sastre espacial su disponibilidad, flexibilidad, elasticidad y sostenibilidad.
La realidad se hace inmaterial y los armarios para contenerla toman forma de nube virtual. Viajamos ya sin equipaje, permitiéndonos nuestro terminal conectar con una nube y bajarnos de allí, cuando y donde lo necesitemos, documentos, fotos, películas, archivos. Hemos llegado, en términos semánticos, al séptimo cielo; o como dice el modismo ingles a Nube-Nueve ( Cloud Nine ). Ya conocemos el secreto: el interior de las nubes ni está hueco, ni es de algodón. Las nubes son nuestro nuevo gran almacén del mundo digitalizado. Ligeros de equipaje, sí. Pero con miedo a perder la maleta, también.