Chema Sarmiento. director de cine
«Para hacer cine me ha perjudicado vivir lejos de España»

El actor Borja González Carpintero y el director Chema Sarmiento.
—¿Aparte de la Seminci piensa llevar la película a otros festivales?
—La enviamos a Venecia y nos contestaron en un email que la película había gustado y había estado entre las más votadas hasta el último momento. Viniendo del Festival de Venecia, es un elogio.
—Desde el principio tenía claro que quería estrenarla en León y en Ponferrada.
—Sí, aunque se ha precipitado el estreno. No podía ser antes de la Seminci —los festivales exigen que no se haya estrenado la película antes— y queríamos a toda costa que fuera a los Goya y el plazo para las candidaturas finalizaba ayer y, por tanto, era obligatorio estrenarla antes.
—¿A qué candidatura aspiran?
—En principio optamos a varias, aunque, pensando en Borja González Carpintero, que es el protagonista y que hace un papelazo, creemos que merecería un reconocimiento. Está en los 84 minutos de la película.
—¿Cuándo sabrán si están nominados?
—Hasta febrero no se sabrá.
—En la Seminci fueron la película revelación...
—Las críticas de la Seminci fueron muy buenas. Hemos sido la película más emblemática de esta edición. El público ha valorado la originalidad del intento y la riqueza del guión. Mucha gente, además, pone de relieve la actuación de Borja.
—¿Cómo consiguieron que el seleccionador nacional, Vicente del Bosque, fuera a ver la película a la Seminci?
—El productor de la película le avisó. Se sentó junto a Borja y su familia y les iba preguntando. Su sola presencia vale más que nada. Nos ha dado visibilidad. Todo el mundo sabe que su hijo Álvaro tiene síndrome de Down y que Del Bosque utiliza su popularidad para esta causa. Estuvo con los chicos como si los conociera de toda la vida.
—¿Por qué han pasado 27 años desde que filmó ‘El filandón’ hasta ‘Viene una chica’? ¿En este tiempo no le había apetecido rodar ficción?
—Lo he intentado muchas veces. Tengo cuatro o cinco guiones terminados. Creo que no he hecho esas películas porque me ha perjudicado vivir lejos de España.
—¿No ha podido rodar por cuestión de dinero?
—A veces conseguí hacer montajes en los que participaba España, Francia y Canadá. No es lo mismo conseguir respaldo para un documental como Mahoma que para una película.
—¿Qué pasó con el Ministerio de Cultura?
—Cuando llevábamos dos meses ensayando esta película el ministerio nos denegó la ayuda. ¿Cómo íbamos a decirles a los chicos que no se hacía? Hubo que plantearla con menos tiempo de rodaje y menos dinero. Nunca recortar en el producto final. Esta película la hemos financiado todos los que hemos trabajado en ella, desde Luis Mateo a todos los técnicos.
—¿Hay posibilidades de que ruede ‘Memoria viva’, con guión de Luis Mateo y José María Merino?
—La película se la planteé yo a ellos. Los tres somos guionistas. Me encantaría hacerla. En mi cabeza ya existe. Es como engendrar un hijo que no puedes dar a luz. Me gustaría hacer de manera más inmediata La fábrica de sal.
—A usted que le veneran en Francia, ¿tampoco le financian allí una película?
1397058884 Memoria viva sí se podría rodar en Francia, pero La fábrica de sal no es creíble fuera del contexto español. De todas formas la ficción es inmensamente más cara que el documental. En Canal Arte he hecho muchos documentales, pero los que deciden los proyectos de ficción no son los mismos que los del área de documentales. En Francia te encasillan y si haces buenos documentales no te dejan hacer otra cosa.
—Luis Mateo ha dicho que le gustó la película.
—De lo contrario, yo estaría decepcionado. Es una adaptación libre de sus relatos. No se parece a lo que imaginaba cuando lo escribió. Estaban ambientados en el León de los 50 y se han hecho en el León del siglo XXI. Por eso, tampoco los protagonistas pueden hablar como los chicos de entonces. Tenemos una película que sale de las mismas fuentes pero que es distinta a la que se escribió la primera vez. El mendigo sí utiliza las expresiones del libro y es donde se reconoce la escritura de Luis Mateo. Este personaje atemporal sí permitía recuperar aquel lenguaje.
—¿Cómo han acogido la película las asociaciones Down?
—Hay mucha expectación. La película no trata la problemática Down. Es una comedia en la que actúan chicos Down. Es un paso más. No es una película para decir que hay que integrarles. Es una película en la que están integrados.
—¿Cuándo decidió que la protagonizaran jóvenes con síndrome de Down?
—Poco después de escribir Los males menores hicimos un primer guión, que no conseguimos que saliera adelante por razones financieras. No dijeron que no era atractivo que el protagonista fuera un adolescente. Hicimos una nueva versión hace dos años. Nos dimos cuenta que lo que la encarecía era la época de los 50. Al actualizarla había perdido algo, una cierta distancia entre el espectador y lo que estaba viendo. Buscamos esa distancia metiendo un mundo paralelo. Fue una intuición. Al leer una secuencia me apareció la imagen del hijo de unos amigos, que tiene Down, y al que le encanta disfrazarse de capa y espada. Y se me ocurrió que el guión podía funcionar si los protagonistas eran chicos Down.
—Al cura lo ‘fichó’ por Internet, ¿hubo otras casualidades?
—La mayor casualidad fue la búsqueda de Borja. Estaba en Albares y era el día del apagón digital. En la única cadena que conseguí sintonizar estaban estrevistándole.
—¿Ha sido más complicado rodar con jóvenes Down?
—No. Todo estaba muy preparado. El equipo técnico era muy joven, pero compensaba con entusiasmo la falta de experiencia. A un actor no profesional le tienes que dejar que, si respeta el sentido, diga el texto como le salga.
—Pidió extras y los leoneses se volcaron...
—Sí. Cuando vean la película, van a estar encantados. A ellos les tengo un respeto enorme. Les resultaba extraño que les explicara la película. Quería que supieran a qué obedecía cada cosa que les pedía.