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Una vida en canciones
Subtítulo cuerpo 16 . 2 líneas. Lugar: Auditorio Ciudad de León. Día y hora: mañana, a las 21.00. Entradas: 30 euros.
María Dolores Pradera, que mañana ofrece un concierto en el Auditorio.
Tiene «la sonrisa ancha y la lluvia en el pelo», como cantaba Víctor Jara en Chile, país de acogida de María Dolores Pradera, al que emigró su padre, un asturiano que hizo las Américas y le inculcó a su hija su amor por León, donde poseía minas en Brañuelas. Desde entonces, la gran dama de la canción, como la llaman en Latinoamérica, se ha paseado muchas veces por esta ciudad «preciosa y elegante» que ella lleva en el corazón. «He estado muchas veces en el Teatro Emperador ¿sigue existiendo?».
Iba para actriz de teatro, hizo cine y lleva décadas dedicada a la música. «De repente, me puse a cantar y no volví a actuar», confiesa. Mañana se sube por primera vez al escenario del Auditorio, donde estará arropada por los músicos Juan Salvador Regalado, Nacho de la Rosa, José María Panizo y Sergio Infante. También viaja acompañada siempre por su hijo y su nuera. Llega con su gira Homenaje (Toda una vida), en la que repasa canciones «de casi todas las épocas». Su vida, en definitiva, está construida sobre canciones. Afirma que siempre canta lo que le gusta, aunque si tuviera que elegir una canción se quedaría con Luna de abril.
‘Devuélme el rosario de mi madre y quédate con todo los demás...’ lo ha cantado muchas veces, pero nunca se lo ha dicho a nadie.
No quiere oír ni hablar de jubilación. «Si tuviera errores, si desafinara o no tuviera fuerzas, ya me habría retirado. Pero no sé hacer punto y en casa me aburriría».
Pertenece a esa gran cosecha de 1924, como el poeta brasileño Lèdo Ivo, que hace días recibía en León el Premio Leteo ataviado con unas modernas deportivas y sus versos cargados de denuncias e ironías. María Dolores Pradera también goza de un espléndido sentido del humor. Asegura que, ciertamente, nunca ha conocido a mucha gente que naciera su mismo año. «Fernando, el padre de mis hijos, (Fernán-Gómez) era mayor. Ya no queda mucha gente de mi quinta». Se olvida de la incombustible Chavela Vargas, algo mayor pero poseedora de una espléndida leyenda negra. «No tenemos nada que ver, excepto que ambas usamos poncho. Ella es una mujer con mucha personalidad», dice María Dolores Pradera, que se descubre ante el talento de la cantante costarricense.
La artista madrileña no echa de menos el cine, quizá porque no hizo papeles importantes. «Era una profesión muy difícil». Sí que recibió ofertas para volver al teatro. pero no tenía tiempo. «Sólo me daban papeles de la abuela de Caperucita y a mi no me interesaba».
Es una mujer concienzuda. Siempre ensaya antes de cada actuación. Cuando aparezca en el escenario del Auditorio habrá probado antes su acústica. Cada concierto se lo toma con calma. «Viajo el día antes y me quedo a dormir el día del concierto». Aún así tiene la agenda completa hasta abril, pese a que no le gusta hacer cuentas. «Soy muy bohemia».
A lo largo de su trayectoria ha hecho duetos con Sabina, Caetano Veloso, Carlos Cano... incluso con José Carreras grabó un poema de Gil de Biedma tiulado La vida a veces.
Es posible que en su futuro proyecto discográfico cante con Ana Belén.
No sabría decir cómo es el público que acude a sus conciertos. «No lo veo», bromea. Pero lo cierto es que también hay muchos jóvenes que se apuntan a sus actuaciones. De gira no suele escuchar apenas música. «Estoy un poco saturada». Pero en casa tiene muchos discos de conciertos de guitarra, sin voz. Entre sus favoritos, Andrés Segovia. «Pero oigo de todo». También pop y ópera. «Krauss me ha gustado muchísimo».
No se ha planteado, como hizo con Miguel Hernández Serrat, al que quiere «y es un gran amigo», dedicar un disco monográfico a alguno de sus poetas favoritos, como Lorca o Salinas.