Publicado por
José Javier Esparza
León

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A lo mejor le ha llegado usted el jaleo por ese anuncio de una empresa de adulterios —como suena— que abusivamente utilizó la imagen de la reina de España para su publicidad. Hay que decir que nuestra reina no ha sido la única víctima de esos montajes: Bill Clinton, Carlos de Inglaterra y otras personalidades relevantes del «mundo mundial» han sido utilizados para lo mismo. Estos anuncios llegaron a verse en televisión antes de su retirada, y esa última ocurrencia, la de Doña Sofía, ha merecido además la intervención de Autocontrol, el organismo que regula los excesos publicitarios.

Que haya una industria del cuerno es algo realmente llamativo, porque, se mire como se mire, el adulterio no deja de ser una cosa enteramente reprobable, y creo que la mayoría de la gente estará de acuerdo en considerarlo así (quien dude, que se ponga en el lado de la víctima). Lo interesante es que, a pesar de esta obviedad, los cuernos no dejan de ser utilizados como reclamo de audiencia en otros programas. Por ejemplo, la otra mañana nos desayunábamos con la «noticia» (añada usted cuantas comillas desee) de que en Gran hermano había habido una notoria infidelidad por parte de un concursante. La cadena vendió la «noticia» con abundante aparato, imagino que para disgusto de la novia del protagonista, que lo habrá visto en la tele. Hace un par de meses hubo un follón formidable en Brasil porque los obispos locales —visiblemente más activos que los españoles en materia audiovisual— reprocharon públicamente a los reality-shows su recurso a argumentos inmorales. Lo que más sorprendió en el suceso es que sólo los prelados osaran decir algo que es de sentido común, a saber: que no es bueno convertir un mal objetivo en materia de espectáculo.

Este es uno de esos numerosos puntos donde la imagen del mundo que la tele ventila empieza a ser un factor de degradación general. El problema no es que semejantes cosas circulen; el problema es que la gente llegue a pensar que la vida es realmente así, como nos la muestra Gran hermano , por ejemplo. Eso se llama «alienación».

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