Ser o no ser Suero de Quiñones
La tradición leonesa dice que la escultura de Benavente fue un encargo que nunca llegó a su destino, Hospital de Órbigo, pero una reciente investigación lo desmiente.

Estatua del puente de la A-6, muy cerca de Benavente.
La velocidad a la que suele discurrir el tráfico en este preciso punto impide, muchas veces, que el viajero se percate de la presencia de un altivo caballero de piedra que se yergue, lanza al hombro, en el puente sobre el río Esla cerca de Benavente, ahora parte de la autovía A-6 que comunica las ciudades de Madrid y La Coruña. Sólo los conductores más calmosos o más observadores habrán apreciado la existencia de una solitaria figura que parece pastorear en silencio el intenso tránsito rodado y —quizás—, se preguntarán quién es, a quién representa el jinete.
El rumor, la tradición heredada, al menos en la provincia de León, dice que tal caballero refleja al mismísimo Don Suero de Quiñones, héroe de la gesta —o bravuconada, según se mire—, del Passo Honroso sobre el viejo puente de piedra de Hospital, y que la efigie fue encargada en torno a los años sesenta con motivo de uno de los aniversarios del Passo aunque, por motivos nunca aclarados, quedó varada en la ciudad zamorana y jamás llegó a su destino, la población leonesa de Hospital de Órbigo. Pero, ¿es realmente él?
Una idea muy extendida. Desde la alcaldía de la localidad riberana, Enrique Busto se hace eco de esta tradición y constata que es una idea muy asentada en la villa la de que tal estatua fue encargada por una corporación de entre los años cincuenta y sesenta pero que al final quedó instalada en el puente benaventano. Y uno de los mejores conocedores de la historia de la zona central de la provincia de León, el cronista oficial de Astorga, Martín Martínez, también suscribe lo popular de tal creencia pero aduce que es necesaria una investigación para conocer el grado de verdad que encierra. No obstante, aporta el dato de que el ministro de Obras Públicas entre los años 1965 y 1970, Federico Silva Muñoz, era natural de Benavente y quizás su querencia por embellecer aquella obra ‘hurtó’ a Hospital la escultura solicitada a Madrid.
Ha sido Juan Carlos de la Mata, del Centro de Estudios Benaventanos Ledo del Pozo, quien ha iniciado una serie de pesquisas encaminadas a conocer quién es realmente el enigmático caballero y cómo llegó a su destino. En un principio, este autor de obras históricas como Los Osorio: una extraña familia pensaba que la escultura sirvió sobre todo para dar cierto empaque al nuevo viaducto: «Se buscaría algo relacionado con la historia del lugar y el origen medieval del viejo puente, el que está al lado, que aún se conserva y que era uno de los más importantes del reino, ¿qué mejor, pues, que situar sobre el mismo como reclamo y alegoría un jinete o guerrero medieval a caballo?». De la Mata pensaba tanto en la tradición del Passo Honroso —también el Órbigo discurre por las inmediaciones de Benavente— como en el hecho de que uno de los caballeros Osorio, familia muy ligada a Benavente, «se batió contra su propio hermano en el puente del Órbigo». «Esto pudo incidir en la colocación de la escultura, pues el hecho es muy conocido a través de la bibliografía local», explica De la Mata, aportando también que algunos Osorios se batieron en justas durante el cerco de Benavente contra las tropas anglo-portuguesas del duque de Láncaster.
No obstante, fue a raíz de una entrevista con el alcalde de la población entre 1967 y 1973, Julián Cachón González, como este investigador ha acabado por arrojar algo de luz sobre la estatua. En lo que respecta a la fecha, el ex alcalde recordaba perfectamente cómo el nuevo puente se construyó a finales de los años cincuenta y que fue proyectado «por el director de Obras Hidráulicas del Ministerio de Obras Publicas de entonces, Virgilio Oñate Gil», y que dichas obras fueron contratadas «por un constructor privado». Y aunque Julián Cachón no recordaba su nombre, sí dio cuenta de uno de sus hábitos, revelador en este caso: «Coronar cada uno de sus trabajos con una escultura, que pagaba de su bolsillo».