EL INVENTO DEL MALIGNO
La ‘sprezzatura’ televisada
En la primera votación que hubo para dar los premios del último FesTVal, propuse Alaska y Mario como lo más divertido y, además, como la revelación del año. Mis colegas de jurado (al menos la mayoría) no estaban por la labor porque el galardón fue para otros. Pero sigo pensando que, dentro del muermo general, la revelación del año pasado fue el reality de la MTV producido por El Terrat y protagonizado por la conocida pareja. Era lógico que tuviera una segunda parte, una que se estrena mañana y cuya grabación empezó hace poco tiempo en España. Mario Vaquerizo empezó a ser un hombre a unas cámaras pegado. Y con las cámaras iba a El hormiguero, a acompañar a Leonor Watling (de quien es agente de prensa) en la presentación de Lo mejor de Eva o a su actuación sorpresa en el desfile de Davidelfín en la Mercedes Benz Madrid Fashion Week. Pero, además, el reality se ha ido a hacer las Américas. Un poco Tarzán en Nueva York, aunque ni Tarzán ni Jane vayan a Nueva York sino a Las Vegas o a Los Ángeles, terrenos más apropiados. Frente a otros realities ahora en antena como Gran Hermano o ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, Alaska y Mario destaca por su naturalidad. Y eso que estamos ante los reyes del disfraz. De hecho, Alaska, cuando hizo los posados de Interviú homenajeando desnudos famosos, no copió el de Pepa Flores precisamente porque era el más natural. «Y yo soy puro artificio», dijo la cantante de Fangoria con rotundidad. Pero frente a la impostura poco conseguida de esos parvenús de GH y QQCCMH, Alaska y Mario derrochan naturalidad. Lo suyo, si no es contradictorio, supone una especie de sprezzatura televisada. El desdén de Castiglione. Ese disimulo en el esfuerzo del caballero por ser y mostrarse como caballero. Esa concepción estética que significaba soltura en lo más complejo. Porque la desenvoltura de Alaska y Mario frente a las cámaras, aunque fuera fingida, es una actitud estética pop que los distingue. Sobre todo después de ver a la juventud Loewe.