El tesoro renacentista de Cabreros
El Centro de Restauración del Obispado leonés culmina la limpieza y reparación de veinte tablas riberanas del siglo XVI que se encontraban en muy mal estado, desordenadas y ocultas tras un retablo inapropiado.

El restaurador José Luis González Santos con el responsable de patrimonio de la Diócesis, Máximo Gómez Rascón.
Hay en el Seminario Mayor de la ciudad un ‘sanatorio’ para santos, vidrieras, retablos y otras joyas del patrimonio religioso leonés que llegan en estado delicado, gravísimo en ocasiones, y que salen recuperadas después de intensivos cuidados por parte de un equipo de profesionales que entablillan, analizan, recomponen, repintan y dotan de nueva vida a estas delicadas o majestuosas creaciones inspiradas por la fe y el culto.
Es el Centro de Restauración y Conservación de la Diócesis de León, donde acaban de ser ‘dadas de alta’ veinte tablas procedentes del retablo mayor de la iglesia parroquial de Cabreros del Río, en la ribera del Esla, tras un año de exhaustivas atenciones. Todo un descubrimiento, tal y como relata su restaurador, José Luis González Santos, ya que bajo capas de suciedad se ocultaban obras creadas en los primeros años del siglo XVI. «Son pinturas algo eclécticas, que presentan rasgos del gótico y del estilo renacentista, con influencias tanto italianas como hispano-flamencas». La propia estructura del retablo, que data del siglo XX, dificultaba la comprensión del conjunto, ya que, al volver a montarlas, no se guardó el orden debido y, por ejemplo, escenas de la vida de la Virgen aparecían mezcladas con los otros dos motivos, las vidas de San Ildefonso y del patrón San Miguel Arcángel.
Además, los huecos de ese retablo moderno eran más pequeños que las propias tablas, de modo que, al retirar y limpiar estas, los restauradores comprobaron cómo su tamaño era mucho mayor y gran parte de la escena, en torno a los 30 centímetros, había quedado oculta a la vista de los fieles durante décadas.
Máximo Gómez Rascón, responsable de patrimonio de la diócesis, resaltó el «minucioso» y «muy complejo» trabajo que ha sido necesario para que estas tablas vuelvan a lucir con todo su esplendor, y adelantó la hipótesis de que las tablas puedan proceder de dos retablos diferentes y que, por su tamaño, pertenecieran a un retablo y por lo tanto a un templo mayor que el actual. Los rojos, los azules, los verdes, relucen ahora después de que, como cuenta González Santos, primero se procediera a la desinsectación de las piezas y al diagnóstico de sus problemas: ataques de carcoma y termitas, presencia de grietas y humedades, pérdida de policromía... «La madera debe ser consolidada para poder trabajar sobre ella, después se fija la pintura con yesos preparados de forma tradicional y barnices especiales, y más tarde se procede al pintado en las zonas donde se ha perdido la policromía original, realizado de forma que sea inapreciable al ojo pero sí comprobable para el historiador del futuro». Un proceso para el que resulta necesario realizar análisis químicos y que prácticamente ha concluido: ahora sólo resta el barnizado final y el montaje definitivo. La obra ha sido sufragada, como en caso de otros conjuntos, a medias por Caja España-Duero y el ayuntamiento de Cabreros del Río.