Diario de León
Publicado por
José María Cillero
León

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Ni en sus mejores sueños La Sexta podía haber imaginado un regreso a la parrilla como el de Salvados en el ‘prime time’ del domingo. El programa de Jordi Évole, que se despidió la pasada temporada duplicando la audiencia media de la cadena, pulverizó anteayer sus récords con Ciudadano klínex —15,5% de ‘share’ y 2,7 millones de espectadores— y se trató de tú a tú con gigantes como Aída o Firewall en La 1. El espacio de El Terrat volvió a demostrar que reunir a mucha gente frente al televisor no es solo cosa de ficción nacional o importada o de culebrones más o menos verosímiles con la fauna habitual del corazón y subgéneros. A través del ‘infoshow’, que en el caso de ‘Salvados’ es cada vez más info y menos show, se abordaba la salud de la democracia española y la sensación del ciudadano de que el político le utiliza como un pañuelo de papel, de usar y tirar. Un asunto con poco margen para el colorín, tratado con vocación didáctica y aderezado con esa ingenuidad aparente que Évole convierte en marca de la casa, tan útil para ir dejando, a modo de cargas de profundidad, datos para la reflexión (en España sólo se han convocado dos referéndums en casi 35 años de democracia y, en todo caso, es una fórmula cuyos resultados no son vinculantes) y tan efectiva para sacar de quicio a Álvarez Cascos, que llegó a confesar que cuando fue vicepresidente del Gobierno no hizo nada para adaptar las fórmulas suizas de democracia participativa, «porque no se me ocurrió». «Claro, —respondió zumbón El Follonero—, estaba con lo del interés general y el fútbol...» Así, entre hechos comprobados y rejones de muerte vestidos de pellizcos de monja, transcurrió el programa, que La Sexta emitió sin publicidad (incomprensible para un espacio que le permitiría hacer caja) y que reafirma a Jordi Évole como uno de los grandes informadores de la televisión, al que tal vez solo le aceche un peligro, convertirse en una suerte de Michael Moore a la española, una voz de la conciencia devorada por el sistema cuyos aldabonazos sean tan oídos como pocos escuchados.

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