Diario de León

La bella Bellucci, encerrada en un burka

La actriz presenta ‘Rhino Season’ en San Sebastián.

La actriz Monica Bellucci, ayer, en San Sebastián.

La actriz Monica Bellucci, ayer, en San Sebastián.

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mateo sánchez cardiel | san sebastián
León

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El realizador iraní Bahman Ghobadi aspira a su tercera Concha de Oro con Rhino Season , película que ha rodado desde el exilio en Turquía y en la que ha sometido al burka a la bellísima Monica Bellucci, deslumbrante presencia para la jornada de huelga general en el País Vasco.

La actriz de Malena o Irreversible se erige en Rhino Season como máxima expresión de la belleza atravesada por la tragedia. «He recurrido al drama que llevamos en el ADN las mujeres mediterráneas, de generaciones de sufrimiento por el machismo que hemos heredado de nuestras madres y nuestras abuelas», explica Bellucci. En la película del que podría convertirse en el primer realizador con tres Conchas de Oro, Bellucci interpreta a la esposa del protagonista, un poeta kurdo que, tras pasar treinta años en una cárcel de Irán, intenta recuperar su vida y su familia.

A lo largo de ese abanico temporal, irá desgranando la impotencia de una vida destrozada por la falta de libertades políticas, un periplo vital parecido al de muchos cineastas iraníes. «Directores como Gaspar Noé o Giussepe Tornatore has buscado en mí el símbolo de esa belleza condenada a ser destruida, porque la naturaleza humana a veces no respeta la belleza de la naturaleza. El hombre es el animal más inteligente, pero también el más violento», ha asegurado la actriz y modelo italiana.

«Esta película, con su imagen y su sonido correctamente, pretende ser como una poesía», ha explicado el director antes del pase con público. «La he realizado para no morirme, ha fortalecido mi espíritu. Es mi intento de reencontrarme con mi vida y volver a ser yo mismo», ha dicho un realizador que hace cuatro años fue expulsado de su país por el régimen de Mahmud Ahmadineyad. Rhino Season , por desgracia, no ha estado a la altura de esa habilidad que Ghobadi exhibió de manera magistral en otros filmes suyos.

A pesar de su lirismo visual, levanta una dolorosísima pregunta: la de si finalmente la coacción a un gran director acabó convirtiendo su obra, incluso desde la libertad en el exilio, en un ejercicio de expresión terapéutica que obstaculiza su consabido talento artístico.

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