Diario de León

El cine español pierde la sonrisa

Un fallo cardíaco acaba con la vida de Tony Leblanc, uno de los actores más queridos por el público.

Tony Leblanc, siempre sonriente, en una imagen tomada cuando le iban a entregar un premio de cine.

Tony Leblanc, siempre sonriente, en una imagen tomada cuando le iban a entregar un premio de cine.

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Óscar bellot |madrid
León

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Ignacio Fernández Sánchez Leblanc, más conocido como Tony Leblanc, falleció ayer a consecuencia de un fallo cardíaco en Villaviciosa de Odón (Madrid) a los 90 años, dejando así huérfano al cine español de uno de sus rostros más conocidos. Un hombre que consiguió una hazaña al alcance de pocos en este país: todos le reconocían unánimemente como un hombre bueno y le tributaban cariño casi como si fuera un componente más de su familia. Lógico si se tiene en cuenta que a través de decenas de películas había conseguido emocionar y hacer reír a varias generaciones.

Desde su nacimiento, ocurrido el 7 de mayo de 1922 en el Museo del Prado, donde su padre ejercía de portero, parecía predestinado a consagrar su vida al mundo del espectáculo. Apenas había realizado sus estudios primarios cuando comenzó a bailar, labor que compaginaba con sus obligaciones como botones y ascensorista en la pinacoteca que había asistido a su alumbramiento. Pronto probó fortuna con el teatro de aficionados y quedó embrujado por la actuación. Claro que no era su único interés. El deporte también le había conquistado. No tardó en subirse al ring y las cosas no le fueron nada mal, alzándose con el título de campeón de Castilla de los pesos ligeros. Con el paso de los años, volvería al mundillo para encarnar al manager de un José Luis Ozores erigido en un Tigre de Chamberí por obra y gracia del director Pedro L. Ramírez en una película de 1957 y oficiaría como promotor de veladas pugilísticas. Las tardes de gloria en el cuadrilátero se alternarían con otras no menos afortunadas en los terrenos de juego, llegando a militar en el Real Club Deportivo Carabanchel.

José Luis López Vázquez, Alfredo Landa, Lina Morgan, Antonio Ozores, Florinda Chico. Con todos ellos compartió cartel en una u otra ocasión el gran Tony Leblanc y para él no tuvieron sino palabras de elogio. Su buen hacer delante de las cámaras se veía complementado con su calidez fuera de los focos y eso era algo que se traslucía también al público. Tres suecas para tres Rodríguez ( Pedro Lazaga, 1975) pudo muy bien convertirse en su última película. Acabado el rodaje, Tony Leblanc decidía retirarse de la profesión que le había proporcionado tantas alegrías. Ocho años después, sufría un grave accidente de tráfico que durante un tiempo le dejó postrado en una silla de ruedas. Volvió por la puerta grande cuando Santiago Segura le reclamó para Torrente, el brazo tonto de la ley, permitiendo que una nueva generación descubriese su genio sin par. Permanecería en las cuatro películas de la saga y también se sumaría al reparto de la serie Cuéntame, metiéndose de nuevo en los hogares de millones de españoles.

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