Febrero reaparece en diciembre
La Caja dedica una retrospectiva al artista leonés, titulada ‘Azar’, pero llena de pasión.

El artista leonés Miguel Ángel Febrero, que regresa a la pintura tras sufrir un ictus.
En el transcurso de una vida hay días y noches que nada tienen que ver con la habitual medida del tiempo. No es el sol quien marca las épocas de luz y oscuridad en la existencia de una persona. Miguel Ángel Febrero vivió una época luminosa en la que consiguió el reconocimiento como artista y en la que supo crear una familia. Vino después, inexorable y tremenda, la más negra de las noches.
Y es que hay muchas artes y muchas maneras de interpretarlas, pero hay una, el arte de vivir, que no se enseña en ninguna escuela y para el que no nos sirven las experiencias de los demás. Sobre Febrero, aún no hace muchos años, se desató la más terrible de las tormentas, y él, hombre sensible y artista que había ascendido en el escalafón paso a paso, se encontró solo ante la vida sin apenas poder salir de la fatídica coraza con la que la existencia intentaba aislarle del mundo.
La labor de Febrero durante los últimos años ha sido la de romper ese envoltorio tremendo que intentaba condenarlo al mayor de los ostracismos. Tuvo que aprender todo a partir de cero, desde cambiar de mano para poder pintar, hasta vencer los temblores propios de la enfermedad. Desde mirar la incomprensión de los que le rodeaban, hasta llegar a comunicarse con ellos a duras penas. Su lucha fue titánica, pero poco a poco ha ido ganando una guerra en la que necesariamente perdió muchas batallas.
Ahora vuelve a la gran sala de exposiciones de Caja España-Duero en Santa Nonia, una muestra de este singular artista que ha tenido que sufrir una auténtica metamorfosis, que ha pasado por la envoltura del peligroso capullo de la soledad y el silencio, para renacer como brillante mariposa. Regresa un gran pintor, un artista que ha perdido en el viaje aquel envidiable pulso que, le permitía pintar con meticulosa pincelada las calles de León, como nadie ha sabido hacer desde entonces. Las esquinas más notables, las plazas más concurridas, con el tráfico rodado y todo lo que acompaña la vida cotidiana de la urbe, ya no están en la obra actual de Febrero. Pero lo cierto es que hace ya bastante tiempo que el pintor había abandonado los paisajes del mundo que le rodeaba para dedicarse a cosas más trascendentes, para pintar trazo a trazo el universo interior, los colores del alma, las luces y las sombras que nacen cuando el artista tiene los ojos cerrados y la mente abierta a todos los vientos. En ese momento quiso la esquiva suerte que todo parara y en su vida se registró un largo fundido en negro en el que ahora se comienza a vislumbrar la luz.
Miguel Ángel Febrero sigue renaciendo, de nuevo se ha encontrado con los colores y las formas. Y ahora los emplea con enorme fuerza, con una violencia que nunca antes tuvieron sus pinceladas. Pinta con rabia, con la pasión de alguien que durante un instante creyó que todo había acabado y que se ha dado cuenta de que lo suyo solamente fue un parón accidental y superable.
De todo esto habla Miguel Ángel Febrero en esta exposición que ha querido titular Azar y a la que debiera haber llamado constancia, pasión o El regreso del guerrero. Poco hay de azar en ese titánico trabajo, en ese esfuerzo hercúleo por salir del ostracismo y volver a ser uno de los grandes pintores leoneses.
Lugar: Obra Social. Calle Santa Nonia, 4.
Horario: laborables, de 19.00 a 21.00; festivos, de 12.00 a 14.00.