Crítica de televisión
Pitillo
Esta noche se acaban las vacaciones para los ociosos chicos de Gandía Shore, el programa que nos lo ha enseñado todo y que deja en juego de niños (y de niñas) el edredoning de Gran Hermano.
En el reality playero de la MTV, absolutamente desubicado porque hoy en Gandía hay 9 grados, hemos visto absolutamente de todo: torsos, culos, apareamientos de dos en dos y de tres en tres -también intentos fallidos-, borracheras y hasta peleas a taconazos.
Lo único que no nos han dejado ver han sido... ¡los cigarrillos!
Porque cada vez que alguien se encendía un pitillo un borrón difuminado manchaba la pantalla. Se conoce que la productora no quería que le buscaran las cosquillas por ahí.
Porque la ley es la ley oiga, y eso de sacar a los jóvenes fumando da muy mal ejemplo. Y mientras la MTV emborrona los malos humos, la protagonista de la nueva serie de Telecinco, Familia, se enciende un pitillo tras otro. Carlota (Alexandra Jiménez) es la madre-hija responsable, la que puede con todo. Con la enfermedad del padre, con los cuernos del cuñado, con una antigua historia de amor con su otro cuñado, con la hormona de metro ochenta que es su hijo adolescente...
Y cuando parece que va a explotar o a liarse a golpes con todos (que es lo que debería hacer, porque menuda panda de incapaces...) se enciende un cigarrito y entonces sí, se relaja. Otro personaje, su padre, hasta se encendió un pitillo en la consulta del médico...
Lo natural sería que nos dejasen ver a los concursantes de Gandía Shore fumando cuando se estresan (y cuando no), igual que les vemos comiendo, durmiendo, vociferando, trabajando (¡también, también!) y, sobre todo, fornicando. Vestidos y, sobre todo, en pelotas.
Riendo y, sobre todo, llorando. Pero no había ninguna necesidad de incluir en el guión de Familia a la protagonista echando humo.