Diario de León
Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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Llámenme estupendo, pero se me hace extraño hablar de actualidad y hambre en nuestra tierra. En nuestro país, potencia mundial hasta hace apenas dos o tres evaluaciones de la agencia de calificación de turno, hacía tiempo que esa palabra nos era realmente ajena.

Me resulta, o quiere resultar, una situación anacrónica y fuera del entendimiento de mi generación, recordar los versos de Miguel Hernández que dicen: «Tened presente el hambre: recordad su pasado/ turbio de capataces que pagaban en plomo./ Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,/ con yugos en el alma, con golpes en el lomo». Pero resulta que no. Que nada más cercano se puede entender hoy. Días en los que uno se entera que en el gobierno aprueban la venta de alimentos caducados, para dar acceso a una comida más barata al pueblo, días en los que el paro entre los jóvenes supera ya el 50% en nuestro país. Días en los que casi la mitad de las familias leonesas viven con menos de doce mil euros al año. Días, en definitiva, en los que la sombra del hambre deja de ser mera literatura de ficción.

El hambre empieza a ser actualidad, vestido de a diario, un hecho que asombra a quienes solo supimos de él por las noticias y los relatos de un pasado muy hernandiano. Dice Juan Carlos Mestre, que «Poco es lo que puede hacer un hombre con el pensamiento del hambre,/ apenas dibujar un pez en el polvo de los caminos,/ apenas atravesar el mar en una cruz de palo.». Y ese es el problema, la pescadilla que se muerde la cola; con hambre no se piensa, y sin pensar no saldremos ilesos de ésta. Tal vez sea el momento de aventurar esas palabras que nos empachen de esperanza, tal vez nombrando el hambre sepamos reaccionar ante él, tal vez si lo mostramos, los voceros que especulan con el pan nuestro se sientan señalados con el dedo acusador del que ya no aguanta más.

Por ello, me esperanza saber que voces que nunca han estado dormidas, acuden a la actualidad en tiempos necesarios, voces como las de Juan Gelman, Juan Carlos Mestre, Ernesto Cardenal o Antonio Gamoneda acuden con ese hálito de resistencia en estos días. Es triste pero real, ya lo decía Cervantes: «El año que es abundante de poesía, suele serlo de hambre».

Cada día me sorprendo más viendo en las redes cómo la manera de nombrar lo real, en esta lucha del pueblo por aguantar el chaparrón, se cuelan más palabras que albergan la contundencia que se le exige a la poesía.

Por ello me guardo el último grito para mañana, porque ahora ya hay quien lo dé. Escucho a muchos de vosotros descifrar la rabia que provoca el hambre en cada vez más familias, cada vez más compañeros cercanos, cada vez más ejemplos imposibles de aguantar.

Porque veo que no se olvida (pese a que duela recordar en carnes ciertas pelotas de goma de ciertas escenas vergonzosas) esas palabras de nuestro Miguel Hernández: «Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera/ hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente./ Yo, animal familiar, con esta sangre obrera/ os doy la humanidad que mi canción presiente».

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