MINORÍAS ABSOLUTAS
Ser ejemplo
Más que la crisis económica, me preocupa otra clase de crisis, la que genera la ausencia de escrúpulos y la falta de conocimiento. Esta crisis está por despuntar, se me antoja demasiado rancia, tanto que ni lo bueno de las crisis, esa limpieza y renovación, afloran todavía.
Parece que ya no hay héroes. Los creadores de cómics están en blanco, sin inspiración. Por no tener, ya no tenemos ni supermanes ni fantásticos con mallas. Se nos han acabado, están envueltos en un ERE que nos deja sin ejemplos ni ejemplaridades que seguir.
Por ahora, esta crisis nos deja los males solemnes de todos los tiempos, el hambre, la penuria y la desesperación por cubrir un día más. Pero siempre en situaciones semejantes, ante la presión de la vida, nos ha surgido un Gandhi, un Mandela, un Luther King, un hombre que ha generado esperanza y expectativa de cambio, un movimiento que destrona lo anquilosado y putrefacto y genera nuevas alternativas.
Algunos queremos ver en el 15M esa ilusión, por ser y estar tan denostada la actualidad política. Pero la realidad es que nada cuaja; o no al ritmo que quisiéramos.
Recuerdo y secundo unas palabras de Víctor M. Díez en una reciente entrevista cuando dice que políticos deberíamos ser todos, y no dejar caer en la fatalidad ese término –política- que nos define como sociedad. Lo que ocurre es que, sencillamente, no todo el mundo vale para mártir, para cabecilla; ya no quedan Subcomandantes Marcos, ni hay Víctor Jaras que nos canten las respuestas a ciertas barbaridades. O tal vez sí. Tal vez sólo sea necesario alentar, animar al cambio, destapar y desempolvar la valentía. Saber que la justicia siempre ha de prevalecer, saber que los tiranos siempre acaban cayendo. Saber defender lo que es nuestro y permanecerá para el mañana.
Existen grados de valor que sí son asumibles por todos, no todo el mundo tiene la capacidad de movilizar a una multitud, pero todos tenemos la potestad de movilizar al menos nuestra conciencia, dar un paso adelante en nuestra vida y saber que avanzamos hacia algo más digno. Saber que no nos podemos esconder de nuestros actos vergonzosos y que sólo a través de la autocrítica podemos generar una ética más sólida para convivir con nuestros semejantes, a pesar de que ello genere un socavón en nuestros bolsillos o intereses materiales.
La vergüenza es un sentimiento revolucionario, decía Karl Max, y a partir de nuestra vergüenza, podremos mejorar y juzgar con benevolencia. Sólo así podremos ser ejemplo al menos de nuestros seres cercanos, y sólo así podremos tener autoridad moral para juzgar a quienes no cumplen con la solidaridad necesaria para el buen funcionamiento de nuestro bienestar social.
Ser ejemplo debería ser nuestra meta, llegar a generar a través de nuestra conducta humilde y cívica buen ejemplo a los que nos rodean. No es necesario ser héroes, pero ser ejemplo es una buena manera de empezar, pues ya lo dijo Chomsky: «No deberíamos estar buscando héroes, deberíamos estar buscando buenas ideas», y éstas las podemos generar cada uno de nosotros a través de nuestros actos. Piénsenlo.