Informe sobre informe
Opinión | javier martín-domínguez
Hace bien TVE en celebrar a bombo y platillo el formato más longevo de nuestra televisión, Informe Semanal . En un país arrasado por la modernidad y el descrédito al pasado, es asombroso que algo no haya sucumbido a la filosofía de cambiar por cambiar. También es cierto que más allá del título casi nada ya es igual.
Han ido cambiando los artífices de los reportajes —periodistas, cámaras o montadores—, el soporte tecnológico y sobre todo los espectadores, que son la base para que un programa siga en antena. Más allá de los nombres y el formato, lo más destacable es que la televisión pública haya mantenido un informativo en el codiciado prime time del sábado. Más de un director de antena ha querido fulminarlo porque su cuota de pantalla creaba un escalón a la baja. Pero su valor público y su buena media sin ser un programa de entretenimiento, le han permitido resistir.
Informe Semanal guarda en su virtud su propia penitencia: la esclavitud de mirar hacia la actualidad semanal recién marchita. Solo las entrevistas propias o el punto de vista original le salvarían de caer en el mero refrito. Los programas de corte similar en otras cadenas internacionales han ido abandonado la actualidad inmediata para dar algo más que lo ya visto en telediarios y cadenas todo noticias. Informe Semanal lleva años necesitando esa misma evolución en profundidad. No basta con cambiar la careta y los presentadores, el grafismo y las sintonías para venderlo como nuevo.
Para tener un nuevo programa sin la insoportable carga de sus cuarenta años, debe cambiar su narrativa y su estilo, personalizar más las historias acentuando el punto de vista de los reporteros, luchar por lo novedoso y exclusivo, trabajar en la actualidad ambiental, no solo la semanal, y crear una base multimedia que le haga vivir en las redes. Ya no están los tiempos para celebraciones vacuas. La vigencia de Informe Semanal en antena no puede sostenerse por mera tradición.