Diario de León

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA. POR MANUEL CUENYAS | VENANCIO IGLESIAS

«La vida es un viajar por caminos»

El profesor y narrador Venancio Iglesias, autor de ‘Esperando a Susana’, está con la revisión de sus novelas ‘La soledad de Alvarito Somoza’ y ‘La ciudad de los mil ojos’.

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El profesor y narrador Venancio Iglesias Martín acaba de presentar, en la feria del libro de León, Sombras en el camino , un libro de relatos con gran potencial visual, cuya acción transcurre en el Camino de Frómista a Santiago, saltando del Medioevo a la actualidad, porque «la vida es un viajar por caminos, algunos de los cuales son sendas perdidas», asegura este autor, al que nacieran en Olleros de Sabero, que se siente marcado por las primeras experiencias vitales, incluso prenatales, y todos esos lugares en los que ha vivido, entre ellos Asturias, Madrid o Marruecos, y ahora León, «el lugar donde estoy envejeciendo plácidamente acompañado de todo lo que viví; de lo bueno que se ha vuelto nostalgia y lo malo que permanece también como nostalgia negada».

La nostalgia como manantial de tantas narraciones. Ahí afloran las añoranzas que pueblan su universo de «romerías, el misterio de lo temible subterráneo y los entierros de mineros, la gracia de Rosina que me enseñaba a leer cuentos, las campanas, la becería, el balido de las ovejas, las grandes nevadas y el aullido del lobo en el monte, la abuela Dora y su bondad absoluta…». Todo esto conforma su vida. Y su obra –matiza él– no es más que testimonio y reviviscencia de sí mismo. En este sentido, apuesta por una escritura autobiográfica pues «sólo los autores que hablan desde sí mismos alcanzan con su verdad el núcleo del alma de sus lectores. Lo demás es hojarasca y best-seller. No puedo entender a los autores que fabulan vidas ajenas, sino como entretenimiento (que no es poco)».

El viaje como símbolo

Venancio, que escribe sin pensar en ser leído y apreciado, como le sugiriera el Nobel Cela, y cuya obra ha sido premiada en ocho ocasiones (aunque sabe que «los premios no hablan necesariamente de calidades»), está convencido de que cuanto más profundamente se penetra en el ser humano, más universal se vuelve la obra. Por eso la suya está llena de paisaje humano. «Es preciso vivir a fondo el paisaje humano para escribir con autenticidad. Cuando falta la realidad, aparece la poesía que es una vieja tentación del narrador. Pero la realidad creada con palabras poéticas dentro de la prosa de la vida, que es el relato, resulta falsa. Porque la poesía tiene que nacer también del corazón».

El autor de  Esperando a Susana , a quien le entusiasma el viaje, como viejo símbolo de vida, cree que para escribir no es fundamental viajar. «Kant, no salió de Koenisberg… Sócrates no salió del demo de Atenas y Jesús no salió de Palestina». Es probable que viajar no sea necesario, pero sí conveniente para entrar en contacto con otras formas de vida. «Viajar es intento de contactar con el misterio humano». Pero para viajar de este modo se requiere tiempo y una especial preparación. «Hoy el viaje se ha hecho mercancía y consumo con todo lo que de estúpido pueden tener ambos… y se ha convertido en una fuga desesperada y no sería raro que algún psicólogo avispado descubriera en esta huida la presencia de Tánatos».

Venancio, que siente devoción tanto por Grecia («origen de nuestra alma») como por Marruecos («lo diferente que tengo que comprender desde unos ojos griego-cristianos»), sabe que viajar a Grecia es llevar en la cabeza su historia y su arte, su destino glorioso y sangriento, mientras que viajar a Marruecos (donde él viviera) es hacerlo con todos los sentidos en alerta. «Marruecos es el lugar de la mirada, el lugar en el que es imposible escapar a la mirada curiosa que te convierte en objeto, desde luego, pero que también te llena de experiencia y riqueza». Precisamente su León del Atlas contiene un relato de atmósfera bereber en un aduar del Atlas Medio, con la muerte que parece sobrevolar el escenario donde los personajes se mueven.

El hecho de haber ejercido como profesor de literatura, «lejos de ser obstáculo a la creación, le coloca a uno en posición ventajosa» por varios motivos, entre los cuales figuraría el de «estar en contacto constante con los espíritus más nobles de la Humanidad: Homero o Virgilio, Platón o Cervantes, Machado o Valle». En el fondo, si un alma quiere conocerse tiene que mirarse en otra. Y eso es una narración: «contemplación de uno mismo en el espejo de los demás antes que el azogue se dañe».

Como narrador y apasionado del castellano, reconoce su admiración por dos grandes filólogos con un inmenso dominio del idioma, Dámaso Alonso y Lapesa. «Don Dámaso… Oírlo hablar era una auténtica fiesta… Don Rafael… Su historia del español sigue siendo una auténtica joya para los que se interesan por el idioma».

El prolífico Venancio está ahora con varios proyectos a la vez, entre ellos la revisión de sus novelas La Soledad de Alvarito Somoza, que evoca la infancia de su autor en el valle de Sabero, y La Ciudad de los Mil Ojos (escrita en Marruecos). Asimismo, ha empezado una nueva novela sobre la violencia familiar y tiene casi terminada otra sobre la Educación. «He de revisar, además La Carcoma que es otra novela corta», concluye.

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