Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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Ha dicho recientemente Umberto Eco, en tierras castellanas, que la cultura no está en crisis, es crisis. No soy yo quién para contestar a Don Umberto, uno de los más cualificados semiólogos de Europa, sobre el significado y hondura de la palabra crisis. Sin duda él ha de reconocer más y mejores discursos fundamentados en torno al significado de la palabra crisis.

Pero me parece de un lirismo muy mal traído estructurar ese discurso que acentúa los hechos de antaño.... cuando la cultura estaba pagada por los grandes mercaderes privados y la libertad de los creadores sólo se rescataba a través de la brillantez del escondite en cada obra. Él nos hace ver que con respecto a aquellos creadores del medievo, auspiciados por duques, reyes o arzobispos, hoy en día el arte se encuentra mejor que nunca.

Nos quiere decir, Don Umberto, que la cultura, como cualquier civilización, necesita de crisis para avanzar, que es sinónimo de ella por su renovación constante. Y no es que no esté de acuerdo en el fundamento de su aseveración. No es que no crea que realmente es necesario el cambio y la ruptura con modelos implantados para poder avanzar... lo que ocurre es que nuestra realidad, nuestro fenómeno actual, tan sólo está ligado a la justificación de estos fenómenos de crisis con respecto al respaldo económico.

Por ello, hablar de la bondad de la crisis cultural hoy en día, suena jocoso; suena a excusa barata o a mal chiste. Porque plantear un recorte económico como fundamento del avance intelectual o de nuevos modelos de creación y visualización artística suena a una de las tiras de Forges en sus buenos tiempos (que siempre lo son).

No creo que sea la mejor de las justificaciones, hablar de esa etimología de la palabra crisis, de ese separar... para desligarnos de una parte imprescindible del arte... es decir, su infraestructura.

Y claro que podremos volver a esa época donde unos pocos tenían el control de la genialidad creativa de su país. Pero habíamos avanzado en pro de democratizar el acceso a la cultura, y eso hizo que los derechos fundamentales del ser humano se elevasen. Eso hizo que naciesen muchos falsos artistas... pero también muchos y más preparados verdaderos genios.

La economía no puede ser la excusa o el fundamento del arte. Precisamente por eso habíamos conseguido una red pública de museos, bibliotecas, y programas culturales que desvinculasen al arte de su necesidad económica y democratizasen su difusión. Arte al acceso de todos y pagado por todos. Arte como elemento de construcción de una sociedad; tan necesario como las infraestructuras viarias o una sanidad fuerte y robusta.

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Hoy en día ya vemos que la parte no vendible... esa no rentable del arte, sobra. Por ello se cierran bibliotecas y se recorta cantidades ingentes en educación y museos públicos. Hoy sabemos que la parte menos rentable de la sanidad sobra, y por eso intentamos hacerla accesible tan sólo a los que pueden permitirse «comprar» y «vender» la salud de un ser humano. Hoy sabemos, que la cultura... si es crisis, no lo es en detrimento de sí misma.