Control
Crítica de televisión yolanda veiga
L a palabra control ya es en sí sospechosa, pero convendrán en que un poco de esto no haría daño a nuestra tele. Para evitar esos conatos de machismo, violencia y desfachatez que utilizan como alimento de engorde algunos programas cutres y perniciosos. ¿Se acuerdan de aquel engendro en el que Escassi buscaba novia? El que no lo recuerde, eso que gana, porque fue lamentable.
El Instituto de la Mujer les afeó que exhibieran a las chicas como ganado, pero en este país eso no pasa de ser un comportamiento reprobable (¡y ni siquiera para todos!). Ninguna autoridad se va a meter en un fregao de ese calibre.
Aquí el único control que se ejerce es, paradójicamente, sobre RTVE. La cadena pública vive una de sus etapas más sombrías por las continuas polémicas sobre su línea editorial. No es que haya millones de ciudadanos ofendidos manifestándose en el pirulí, pero sí una incómoda y continua bronca virtual que no hace ningún bien a la imagen de nuestra tele ni de nuestro país.
El último desencuentro entre la cadena de todos y ‘todos’ (bueno, dejémoslo en ‘muchos’) es la omisión en los telediarios del desaire que algunos estudiantes brillantes hicieron al ministro Wert, a quien negaron el saludo como protesta por los recortes y por la ley educativa.
En TVE ignoraron el ‘plante’, amplia y críticamente comentado en Twitter, dándole así un eco mayor que si lo hubieran incluido en las noticias. Han tenido suerte que la resaca de lo de Wert ha coincidido con el buen dato que hizo el martes MasterChef, el programa que está sirviendo de faro en el proceloso navegar de RTVE. El espacio lo merece porque ha sabido encontrar el punto entre lo didáctico de la cocina y la tensión propia de un reality. Un postre dulce para contrarrestar el sabor amargo del ninguneado plante al ministro.