Manuel Olveira director del musac
«Yo quería estar aquí y no tengo ningún remordimiento»
«Manuel Olveira es un gran profesional, con importantes méritos además de tener contactos en el mundo del arte, por lo que con este director, el Musac desplegará su potencial a nivel internacional». Con estas palabras, la consejera presentaba al que desde ayer ya es nuevo director del centro. Olveira accede al Musac sin que medie un concurso público —fue el tercero en liza en la convocatoria de la que salió elegida González Sancho—, y después de haber desarrollado varios cargos, entre ellos el de director del centro de recursos Hangar, en Barcelona, el Centro Galego de Arte Contemporáneo o el centro cultural Ágora en La Coruña. Su bienvenida estuvo protagonizada ayer por un debate encendido en las redes sociales del mundo del arte, que criticaron su aterrizaje en el museo. La ex directora decía días atrás que, de confirmarse el nombramiento, «me parecería una falta total de ética. Un gran desengaño».
—Siento comenzar así la entrevista, pero ¿no siente ningún tipo de remordimiento al coger el puesto dejado por Eva González Sancho?
—Pues, no. A mí me llamó el director general el lunes pasado a última hora de la mañana para proponerme que me hiciera cargo de la dirección del Musac. Le respondí que estaba cansado y tenía que pensarlo. Inmediatamente llamé a Eva (González Sancho) y me reafirmó que tenía que irse. Comenzaron entonces con los responsables de la Junta una serie de conversaciones de las que Eva estuvo totalmente enterada.
—¿Qué le trasladó la anterior directora?
—Me contó algunas cosas... pero son conversaciones entre amigos de las que no voy a hablar. Es mi amiga y siento pena por ella, pero creo que ahora debo hablar de mi libro. Lo que sí puedo decir es que siempre he actuado limpiamente. Nadie puede decir lo contrario.
—Ya, pero comprenda que se trata de un tema de interés. Una directora, amiga personal suya, deja el museo y denuncia injerencias políticas y usted acepta el cargo casi inmediatamente... Además, creo que a usted le pasó algo parecido en el Cgac...
—No. Lo que me pasó a mí fue que hubo un cambio político y el nuevo consejero me dijo directamente que iba a sustituirme. Me pidió que me quedara en el cargo hasta que llegara el nuevo director y lo hice. Luego hubo una serie de problemas y las cosas se precipitaron como ya conoce.
—Supongo que usted llega con una serie de expectativas después de todo lo que se ha dicho durante estos días.
—Yo nunca me pongo expectativas, sobre todo en lo que a las personas se refiere. Creo firmemente que debemos ser libres, explorar nuestras posibilidades y no puedo anticipar qué va a pasar.
—Pero ¿dudó en algún momento a la hora de tomar esta decisión?
—Yo quería estar aquí. Me presenté al concurso y le prometo que no suelo hacerlo. Este lugar puede aportarme cosas a mí y, sinceramente, creo que al revés también puede funcionar.
—¿No pesaron las críticas realizadas por el IAC o Adace?
—Mire. En la vida está lo óptimo y lo real y por lo general, no coinciden. Quiero comprobar qué grado de maniobra tengo y, de verdad, creo firmemente que tenía la obligación de aceptar el cargo. En este museo las cosas pueden ir bien; el presupuesto permite hacer cosas...
—¿Y el hecho de que se haya intentado descalificar la labor de González Sancho?
—No creo que se la haya desacreditado.
—Decir que no planteó una sola propuesta artística ¿no le parece desacreditar?
—Es que no sé si ella planteó o no planteó alguna propuesta artística. A día de hoy, yo estoy en el Musac y apuesto por el futuro.
—¿Puso a los responsables de la Junta alguna condición?
—Yo no puedo poner condiciones a nadie, lo que sí tengo que comprobar es si existen las condiciones necesarias para trabajar.
—¿Existen?
—Tenemos un marco de funcionamiento que marca la Fundación Siglo, pero yo tengo facultades como director que me garantizan independencia en cosas como la programación de exposiciones y actividades, en la hoja de ruta para que el museo se despliegue hacia el futuro.
—Supongo que una de sus exigencias será la de que el museo pueda publicar...
—Obviamente. Un museo necesita publicar. El arte se conforma de varias facetas. Yo he escrito mucho, he hecho críticas, he comisariado, he hecho didáctica... y la conceptualización y el pensamiento deben estar presentes en un museo. Un centro de arte tiene que publicar, pero cuánto y de qué manera... pues eso sí habría que discutirlo. La producción discursiva debe estar presente en el museo.
—El departamento de acción cultural ha visto reducir su tamaño hasta casi desaparecer. ¿Va a tomar cartas en el asunto?
—Voy a trabajar en ello, por supuesto. Conocía el trabajo que hacían en el Musac y siempre me pareció una de las partes más importantes del periódico. Seguramente tendrá un peso importante en el programa que voy a desarrollar.
—¿Qué le parece que un museo con un presupuesto que se ha ido reduciendo dedique 60.000 euros a un proyecto, el de Ángel Marcos, que se muestra fuera de la sección oficial de la Bienal de Venecia?
—No voy a hablar del pasado del museo. Hay muchas cosas que yo no haría pero no voy a pronunciarme sobre cosas que han hecho otras personas.
—¿Ya sabe quién formará parte del nuevo comité artístico?
—Ya he pensado qué personas podrían integrarlo, pero permítame que no diga nada hasta hablar con ellos.
—¿Podría concretar un poco su proyecto para el Musac?
—Mi proyecto es una declaración de intenciones, mi visión de qué es un museo como centro de arte, un lugar que debe permitirte llegar allí donde la colección no llega. Tengo hecha la programación del 2014.
—¿Nombres?
—No puedo darlos, pero todos ellos son interesantes.
—¿Exigirá que se cubra la vacante de conservador jefe?
—No lo sé. Mire. Si pudiera trabajar con sesenta personas sería mejor que con treinta, pero vivimos los tiempos que vivimos. Hay una RTP pendiente y entonces se estudiarán una serie de cuestiones.
—Para terminar. ¿Va a mostrarse complaciente con la Junta?
—Quien conoce mi trayectoria sabrá que nunca he hecho nada por complacencia. Yo no busco problemas, pero soy un hombre de convicciones y cuando creo que debo hacer algo, lo hago, y me implico en ello para ilusionar al mayor número de personas posible. Con esa actitud he conseguido muchas cosas que en principio no se habrían entendido.
—Dígame tres cosas buenas de sus antecesores en el cargo.
—Dotar al museo de identidad en el entramado artístico español. Han conseguido que sea conocido y reconocido de manera muy rápida. La colección necesita ser completada, pero cuenta con muy buenos activos y ha tenido un programa expositivo que lo convierte en referencia. Rafael Doctor y Agustín Pérez Rubio se han esforzado y han generado capital simbólico.