Diario de León
Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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Se acostumbra el ojo a la futilidad. Se endurece a veces tanto la mirada que acabamos perdiéndola, y tan sólo reconocemos los límites obtusos de cada objeto visto como obstáculo, como torpe imagen que se acopla a otra para vaciar el vacío. Para que el miedo no nos pueda tanto.

Pero la vida, con su ingeniería y su composición mundana, nos regala de vez en cuando ángeles custodios de la belleza. Ángeles encargados de guardar la hermosura y hacerla valer en época de escasez de miras. Ángeles que saben mirar y nos orientan en la actitud redentora del color y las formas que nos conforman. Norberto Cabezas pertenecía a este escuadrón. A esa milicia celeste del que sabe mirar. A esa casta de hombres que supo acostumbrar el ojo a la inquietud, a la no permanencia, al tránsito alegre de lo que nos rodea.

Hemos sido capaces de oler las lagunas de Villafáfila a través de sus fotografías. Hemos recorrido cada veta de cada árbol que nos ha acompañado en el tránsito de nuestra provincia. Hemos escuchado lo abrupto del agua que fluye por nuestros ríos, hemos aprendido que la expresión de asombro nunca se pierde en el rostro de Paul Auster en su visita por León. Hemos compartido la negrura del rostro severo en cada marcha minera. Todo esto lo aprendimos… lo aprehendimos y lo hicimos nuestro a través de Norberto, a través de alguien que sabe mirar. Como él, como Norberto, otro hombre que sabía mirar se ha ido en esta última semana. Otro hombre que supo estar y propiciar el lugar donde la imagen trasciende del mero mercadeo fílmico, para ser parte del sello de calidad que pocas personas son capaces de ofrecer con su mera presencia en un proyecto.

Elías Querejeta apostó en su vida por el lado menos amable del amante de lo bello. Apostó por ser posibilidad, por generar lo necesario, desde su labor de productor, para que grandes películas fuesen realidades en un mundo donde los golpes, los fuegos artificiosos –que no artificiales- y las tetas reclamaban la cartera de los espectadores.

El cine español sería una mala merienda de no ser por Querejeta. Gracias a él tenemos títulos que generaron una escuela en el cine de autor español. Títulos inclasificables y reflexivos como El desencanto, de Chávarri, que acercó a toda España la intensidad de una familia como los Panero. O uno de los grandes poetas de la luz, Víctor Erice, con su obra El espíritu de la colmena. Estas películas y tantas más son realidad gracias a la manera de mirar de un hombre como Elías; un hombre que jamás se limitó a conseguir dinero para sacar metraje... sino que fue capaz de dar albor a los proyectos que generaban un estímulo superior en el rango de lo sensible.

Norberto... Elías... «La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes» dice Gamoneda. Gracias de verdad por ser parte de esa cuadrilla de hombres-ángeles que han custodiado la belleza constantemente, esos que con valentía han ejercido una mirada permanente y rotunda; esos que siempre han sabido mirar.

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