Pablo Alborán MÚSICO
«Ahora llega una faceta distinta de mí mismo, más ‘cañera’, no tan romántica»
El próximo 21 de septiembre, el ‘huracán Alborán’ aterriza en la plaza de toros de León, a las 22.00 horas, para deleite de unos seguidores que ya son legión. Será el único concierto en Castilla y León de la última y multitudinaria gira de un artista que sólo acierta a describir lo que le está pasando «como si todas las estrellas se hubieran alineado correctamente».

Pablo Alborán busca, ante todo, «conseguir ese sonido que describa lo que soy musicalmente».
Cuando uno habla con Pablo Alborán parece que falta la caña o el vinillo de por medio. Es amable, es cordial, es parlanchín... tanto, que llega un momento en que al entrevistador casi se le olvida que está ante el artista que más discos ha vendido en España en 2011 y 2012 (cerca de un millón), hecho sin precedentes en la música española para un artista debutante que hoy tiene la casi insultante edad de 24 años. Y describe con desparpajo y sin prisa ninguna lo que para él significan la fama, el trabajo, las giras y los amigos, y menciona las ganas que tiene de pasear por León después de su concierto del 21 de septiembre... Aunque a esas alturas ya no sabe uno si preguntarle más cosas o pedirse una de rabas.
—Sus canciones y letras inspiradas son celebradas a ambos lados del ‘charco’. ¿Existe alguna palabra que describa lo que le está pasando?
—Sí, una: indescriptible. Pero completamente indescriptible. Hay veces que no me lo creo, que no lo concibo, tal y como están hoy las cosas. Que la gente apueste por uno, que ahorre y que se compre una entrada para venir a verme a un concierto... puf, ¡eso es algo que hay que valorar muchísimo!
—¿Y toda esta actividad suya, ese ritmo bárbaro con conciertos continuos por toda España y fuera de ella, no resulta agotador?
—Lo es, y en muchos aspectos. Por ejemplo, con la anterior gira agoté todo lo que tenía en mente, todas las ideas. Pero es que además cuesta muchísimo; en el directo hay que invertir un montón, es todo un mundo. Por eso en esta nueva he querido que se vea una faceta distinta de mí mismo en directo, más cañera que melódica o romántica.
—En serio, ¿no es una locura de vida?
—Mira, hace poco encontré una agenda de hace dos años, la repasé y vi que era infernal. Todo era nuevo y extremo, yo no decía que no a nada, tenía muchas ganas pero también como una cierta impaciencia, un poco de descontrol por querer hacerlo todo, vivirlo todo. Un día estaba en Almería y al siguiente en Estados Unidos, y la verdad es que quema un poco. Aunque que conste que esto no lo he vivido solo, somos un equipo. Yo también tengo vida, y por eso he de parar y oxigenarme del mundo, ¡y mis seguidores de mí!
—¿Qué quiere conseguir realmente, qué le quita el sueño en el aspecto profesional?
—Mmm... buscar y encontrar ese sonido que describa lo que soy musicalmente. Aún no lo he conseguido del todo en mis discos y por eso tengo que volver a estudiar, a trabajar, a investigar. Uno no puede decir: ‘Ya está, esto es lo mío’, y echarse a dormir. Siempre hay que intentar evolucionar, ¡eso es la música! Y siento que ahora tengo que arriesgar, que no puede ser una balada más, y otra, y otra... Por eso el nuevo single ( Éxtasis ) es más marchoso, más bailable. El riesgo es bueno siempre, si no, uno se estanca. ¡Si yo tengo muchas más facetas! Soy muy ecléctico, no me quiero quedar sólo en lo romántico y las baladas, me gusta el jazz, el rock, el blues, el flamenco, y de todo ello quiero ir dando pinceladas. No soy maestro de nada, soy todavía un aficionado.
—Ha ofrecido decenas de conciertos ante auditorios abarrotado de personas que corean sus canciones, ha vendido un millón de discos, ha conseguido 21 discos de platino, ha estado 85 semanas como número uno en España y Portugal. ¿Qué sensación le dejan todas estas cosas?
—La sensación... de que las estrellas, los astros, se han alineado correctamente. De decir: joder, ufff..., pero qué fuerte. Es muy, muy bonito, y hay una parte de, no sé cómo decirlo, de magia, y otra de suerte, pero a la vez no hemos dejado de trabajar y de buscarlo, con mucha pasión, muchas ganas y mucha fe. Y esa sensación la hemos tenido todos los del equipo, oye, que somos 95 y todos con la misma ilusión, cada uno en lo suyo y cada uno importante en lo que hace. Mira, yo veo a los técnicos de montaje trabajar con una sonrisa en la boca, a los músicos, a los iluminadores, a los de seguridad [y aquí repasa los nombres de pila de todos ellos], que no tienen sensación de monotonía... ¡y tú te das cuenta de lo que es para mí estar en esto!
—Se sabe de memoria todos los nombres de su equipo...
—¡Y cómo no, pero si estamos las 24 horas juntos! Sin ellos yo no tendría nada qué hacer, y además es que es una maravilla ver con qué precisión y con qué profesionalidad trabajan.
—¿Qué nota allá arriba?
—Es como una droga. Es como cuando vas al fútbol, que sientes la energía de las tropecientas mil personas que hay reunidas en el estadio, que notas cómo tiembla el suelo, el griterío, que vibra todo, que hay una emoción en el aire increíble... pues igual. Me vuelvo y veo que están ahí mis músicos de siempre, casi diría mis hermanos, y me acuerdo de cuando empezamos, cuando tocábamos en locales súper cutres, y de repente estamos aquí, con miles de personas coreando un tema, que están emocionadas como yo, que están llorando conmigo, y les miro como diciendo: «¿Pero vosotros estáis viendo esto?» Es un chute de adrenalina taaan fuerte... que necesitas siete tilas para tranquilizarte. Bajo del escenario y no paro de hablar, no creas, tardo un tiempo en calmarme.
—¿El momento más surrealista que ha vivido con un fan?
—Pues, sin ir más lejos, el otro día en Vigo. Estaba en el aeropuerto firmando autógrafos y me viene una chica con los tres discos y una postal y con todo el lío se me llevó el pasaporte que yo llevaba en la mano. Y yo luego venga a buscarlo. La verdad es que ha habido de todo. Desde cartas que han metidas debajo de mi almohada, en la habitación del hotel, hasta encontrar gente durmiendo a la puerta al llegar de un concierto. Bueno, son cosas que aceptas con cariño, incluso te hacen gracia.
—¿No es un absoluto fastidio, eso de ser famoso?
—Hay que tener en cuenta que mis costumbres son un poco de lobo solitario, tampoco he sido yo muy discotequero que digamos... pues que cuando quiero salir tranquilamente tengo que ir un poco camuflado, que no puedo ir al cine a la hora que va todo el mundo, bueno... el caso es que lo demás me parece tan, tan bueno que contrarresta, con mucho, todo lo malo que puede acarrerar esto.
—¿Qué escucha Pablo Alborán en su casa o en el coche?
—De todo, pero de todo, de todo. Escucho bossa nova; Caetano Veloso; escucho jazz; Ella Fitzgerald; escucho flamenco, rock, alternativa... me encantan las voces clásicas, oigo mucho a John Mayer, Ben Harper, me gusta todo. Hasta fado. Mira, el último concierto en el que estuve fue en un local de Lisboa precioso, en un recital de fados.
—Algo que hayan dicho de usted que no le haya hecho maldita gracia...
—Pues se me ha tachado de derechista y de marqués... y yo no soy nada de eso, más bien al contrario. Pero nada que ver.
—Así que no disfruta de un marquesado...
—¡Ojalá! Ese título se lo concedieron a un bisabuelo mío, y además después de muerto. Yo no he conocido nada de eso.
—¿Cuántos pañuelos tiene?
—Buf, ni idea. Muchos, muchos. Entre los que he ido renovando y los que me han regalado... un montón. El otro día encontré a mi madre cortando alguno de ellos que ya estaba viejo, para hacer trapos, y me enfadé: ¡Un respeto a mis pañuelos! (ríe).
—¿Sigue la actualidad Pablo Alborán?, ¿qué piensa de la que está cayendo? ¿Y cómo se ve dentro de veinte años?
—Uno se siente agradecido y valora mucho lo que le está pasando, pero también, y a la vez, estoy muy decepcionado con la situación de este país. Yo también lo vivo a través de mi entorno, familia y amigos que se quedan en paro, y ojo, que me podría pasar a mí también, ¿eh? En realidad, prefiero no verme en el futuro. Quiero seguir trabajando y aprovechando el momento. En realidad, a mí nadie me asegura que se vaya a volver a repetir todo esto.
—¿Aprovechará para conocer León, el 21 de septiembre?
—Sí, porque aunque ya estuvimos allí en marzo del 2012, esa vez apenas tuvimos ocasión de ver nada. Pero en esta ocasión tengo muchas ganas de pasear y de conocer la ciudad.
Y para finalizar, un ejemplo meridiano de cómo es en realidad Pablo Alborán. El entrevistador le cuenta que una periodista en prácticas, de los varios que este verano se baten el cobre en la redacción del Diario, estuvo nada menos que siete horas, en Madrid, aguardando pacientemente la inmensa cola creada para que el malagueño firmase a sus fans discos y recuerdos... sin llegar a conseguir el ansiado autógrafo «¿La tienes cerca?», pregunta. Y como la respuesta es que sí, la joven estrella pide que se la pase al teléfono. Charlan un poco de la locura incontrolable que fue aquel día, y, como en su canción, entona un sentido Perdóname...