Las momias más fieras
El Museo Bíblico inaugura en Botines una exposición de mascotas egipcias de 27 siglos.

Dos de las momias de la exposición ‘Animales sagrados egipcios’, que pueden verse hasta octubre en Botines.
Gatos, peces, cocodrilos, halcones e ibis embalsamados hace 27 siglos se alojan ahora en Botines. Una de las momias más sorprendentes es la de un gran felino que podría ser, en realidad, un guepardo. Propiedad del Museo Bíblico de León, este guepardo momificado es el segundo del que se tiene constancia en el mundo —el otro está en El Cairo—. Animales sagrados egipcios. Un viaje a los secretos de la momificación es la exposición que abre la temporada en el edificio de Gaudí y la primera de una serie que planean llevar a cabo Caja España-Duero y el Museo Bíblico y Oriental. La exposición es el resultado de una «ingente labor científica», como explicó el máximo responsable de la Obra Social, José Manuel Fernández Corral.
Las momias de animales egipcios han sido objeto de una investigación pionera en el mundo, llevada a cabo por la Universidad de Navarra, que ha resuelto algunos misterios sobre la momificación de animales y cuya autora, María Luz Mangado, es también la comisaria de la exposición. «Cada animal nos ha dado una sorpresa. No hay dos momias iguales», aseguró ayer en Botines, donde la muestra permanecerá abierta al público hasta el 20 de octubre.
El vestíbulo de Botines ‘hospeda’ a once de las 18 momias analizadas, de las que seis pertenecen a la colección del Museo Bíblico de León. La exposición, calificada por Mangado, como «un viaje al interior de cada momia», ofrece las conclusiones de un trabajo que por primera vez se centra en el embalsamamiento de animales del antiguo Egipto. La muestra se completa con material utilizado en la momificación, los ajuares funerarios, amuletos y objetos de joyería hallados en el interior de los animales y una película sobre los pormenores de la investigación realizada entre el 2009 y este año, que permite conocer cómo viajaban al otro mundo los animales favoritos de los faraones y los secretos que esconden bajo metros de vendaje.
La egiptóloga y profesora del Instituto Bíblico y Oriental de León María Luz Mangado junto a un equipo de investigadores de la Universidad de Navarra sometieron a las momias de varios animales a dos TAC de última generación y en alta resolución—Tomografía Axial Computerizada—.
Los resultados fueron sorprendentes, desde la ‘postura’ en la que fueron embalsamados algunos animales a los amuletos y cuentas de collares que portaban, para pedir protección a los dioses.
La esencia de los dioses
Se trata de un trabajo pionero en el mundo, porque las momias de animales han sido relegadas hasta ahora por los investigadores; incluso fueron utilizadas como combustible en los ferrocarriles en el siglo XIX, como cuenta un relato de Mark Twain.
Las mascotas predilectas de los altos dignatarios egipcios han sobrevivido 27 siglos bajo 19 capas de lino. La exposición, que ya ha podido verse en Pamplona, Tudela, Irún y Vitoria desvela algunos secretos del arte funerario egipcio y las creencias religiosas por las que se regía la sociedad faraónica. «Momificaban animales porque creían que poseían la esencia de los dioses», afirmó Mangado.
Ver el interior de estas momias ha permitido descubrir nuevos datos sobre la civilización que surgió a orillas del Nilo, así como sus amplios conocimientos en medicina, zoología y veterinaria, ciencias en las que fueron pioneros de la humanidad.
Momias falsas
Mangado también se ha encontrado con momias que no tenían nada en su interior, una prueba de que también en la época faraónica había falsificaciones. Una de las momias más llamativas es la de un gato real. El cadáver del felino fue momificado con un vaso tejido de lino para contener las entrañas del animal. Al gato le retorcieron el cuello 180 grados, para que la espalda quedara de frente.
La momia de un cocodrilo, de seis metros de longitud y propiedad del Museo Bíblico de Tarragona, atesoraba en su interior papiros y un amuleto de oro a la altura del corazón.
Igual de fascinantes resultan dos ejemplares de pez oxirrinco momificados. Según la tradición egipcia, el pez oxirrinco era un animal sagrado y estaba relacionado con la ciudad del mismo nombre —actual El-Bahnasa, que se encuentra a 160 kilómetros al sudoeste de El Cairo—. Se creía que había surgido de las heridas de Osiris. Según algunas tradiciones, fue el pez oxirrinco quien se comió el falo de Osiris, después de ser desmembrado por su hermano Seth.