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León

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Crítica de televisión Yolanda Veiga

Arturo Valdés era un caradura, un vividor, un fantasma... ¡Pero cómo nos gustaba! Arturo Fernández bordó el papel en aquella comedia tan divertida que era La casa de los líos , un producto de los llamados ‘blancos’ y para todos los públicos. Estuvo cuatro temporadas en el prime time de Antena 3, con gran éxito de público y de crítica y el actor ganó dos TP de Oro por ese trabajo.

La casa de los líos era una sitcom clásica de enredos que se suponía coral (trabajaban Lola Herrera, Florinda Chico, Enma Ozores...), pero que estaba inevitablemente identificada con su protagonista, uno de nuestros actores fundamentales, ahora retirado de la pequeña pantalla por el teatro (o porque no encuentra proyectos televisivos para él).

El tal Arturo Valdés al que interpretaba era un jeta de libro, pero nos caía mucho mejor que el Arturo Fernández que estamos conociendo últimamente. Hace un tiempo el actor la preparó gorda cuando, a propósito de la huelga general, dijo que no había visto gente «más fea» en toda su vida que en las manifestaciones. «A estos no los veo por la calle, deben tenerlos en campos de concentración», remató en una tertulia televisiva en tre amigos que en realidad era un monólogo —los demás tertulianos actuaban de meras comparsas riéndole con estruendo las desafortunadas gracietas—.

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Con aquel papelón Arturo Fernández demostró que es mucho más grande cuando se sube a los escenarios que cuando se baja de ellos. Ahora ha salido con otra de sus cosas y ha dicho que a él le gustan los papeles de multimillonario porque «permiten decorados bellos en los que todo huele a Chanel número 5» y que sería incapaz de hacer de mendigo «porque eso se te puede pegar» . Y ni viniendo de uno de los actores con más vis cómica tiene gracia. Hace bien Arturo Fernández en seguir trabajando y llenando cada día los teatros. Metiéndose en la piel de otro, aunque le toque a vaces hacer de galán fantoche. El problema es cuando uno se baja del escenario y sigue metido en el mismo papel.