Diario de León
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Crítica de televisión Mikel Labastida

Cuando era un crío los programas de humor que triunfaban en la tele eran Ni en vivo ni en directo , de Emilio Aragón, o Tariro tariro de La Trinca. Después llegaron la moda de los vídeos domésticos, con Alfonso Arús de maestro de ceremonias, y la de los chistes, que encontró en Chiquito de la Calzada un filón. El género ha evolucionado hasta alcanzar el que, hoy en día, es el mejor espacio humorístico que emite una cadena, ¿Quién quiere casarse con mi hijo?.

A estas alturas casi no hace falta explicar de qué va este ‘concurso-reality-cosa’. Cinco mozos se presentan para buscar pareja. Con el fin de postularse como pretendientes acude un grupo de mujeres y hombres (y viceversa), que son sometidos a un interrogatorio por parte del soltero para superar una primera criba. En otros tiempos hubiese sido algo así como «¿estudias o trabajas?», pero ahora se llevan más preguntas del tipo «¿tus tetas son operadas?» o «¿te gustan los chorizos grandes?».

Ellas y ellos, lejos de amilanarse, despliegan sus encantos sin ningún tipo de decoro. «Tengo un lado muy Paris Hilton y otro muy perra», aseguró una candidata. «Me han pasado muchas cosas en mi vida para mi edad. Ahora tengo un herpes», confesó otra. «Teorizo mucho, soy un poco como Aristóteles», afirmó lacónico otro participante. La guinda la ponen las madres (este año hay un padre) que ayudan a sus hijos a localizar a su media naranja, y que suelen estar preocupadas en asuntos como que la candidata no coma con las manos o que no sea actriz porno. Los desvelos de cualquier suegra.

A partir de ahí el programa, que esta semana ha comenzado su tercera edición, propone un variado abanico de estereotipos. Tenemos chonis, pijas, salidos, catetas, argentinos aduladores, modernos, señoras que no dicen su edad, machitos, maricas malas, frikis y otakus. Pasen y vean. Todo ello aliñado con un guión delirante y una postproducción sublime que no se corta a la hora de recrearse en los peores defectos de cada concursante y en acompañar las secuencias con efectos de sonido y música para hacerlos aún más surrealistas. Los Morancos son ya historia. Los nuevos cómicos de la tele son los tróspidos.

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