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«Fue más divertido lo que no sale en la tele»
Las niñas leonesas de ‘Master Chef Júnior’, encantadas con la experiencia, desvelan los menús que prepararán en Nochevieja.

Las pequeñas chefs, con embutidos de la tierra.
«¡Vaya con León! ¡Arrasa!» Eso es lo que les dijeron los miembros del equipo a Cristina, María, Esther y Alba, las jovencísimas concursantes del espacio de TVE Master Chef Júnior , cuando supieron que las cuatro procedían en la misma provincia. Y es que León es, con mucho, la tierra más ampliamente representada en un programa que cosecha audiencias de gran éxito y que está contribuyendo a despertar vocaciones culinarias entre edades bien tempranas. De 16 entusiastas participantes, elegidos nada menos que entre 3.000 aspirantes, tres viven en la capital —Esther llega desde Ponferrada— y además dos de ellas, Cristina y Alba, son primas.
Convocadas por este periódico, se dieron cita en uno de los mercados más populares de la ciudad, el del Conde Luna, y allí demostraron su soltura entre pescados, frutas y embutidos, hicieron gala de las buenas migas que han hecho y, además de impresiones y anécdotas vividas durante el rodaje del programa, compartieron con el Diario su menús ‘ideales’ para la Nochevieja.
María, Alba, Cristina y Esther son todo ilusión cuando hablan de su paso por Master Chef Júnior (las dos primeras lo abandonaron en el segundo programa y Cristina en el de ayer, Esther sigue adelante), y algo de lo que más les ha marcado ha sido la convivencia con el resto de participantes; no en vano pasaron juntos cerca de un mes entre platós, hoteles y exteriores. «Nos levantábamos a las nueve de la mañana pero nos acostábamos más tarde de las doce, porque nos llamábamos por teléfono, jugábamos a policías y ladrones... lo pasamos genial», cuenta Alba, y precisa: «¡Lo más divertido no lo grabaron las cámaras!».
Entre los mejores y los peores momentos vividos, Cristina se queda con la divertidísima prueba de la nata —la montó correctamente, mientras que otros pringaron a sus compañeros con ella—, y la enorme pizza («me encanta, y además no se me dio mal»). Por contra, y en eso están todas de acuerdo, figuran «las eliminaciones, cuando se van los compañeros. Eso da una pena...». La prueba de la nata y la cocina en exteriores fueron los momentos favoritos para María —famosa ya en toda España por su fusión culinaria astur-china— mientras que la despierta Esther llegó a odiar verdaderamente «el reloj» («veinte minutos más me hubieran venido de perlas...», suspira). La tarta gigante y «la primera vez que entramos en el plató» fueron dos instantes memorables para Alba, y entre los olvidables, cómo no, las eliminaciones; aunque a la vez resulta sorprendente lo bien que estas chefs en potencia han gestionado la tensión que percibe el espectador. Un juez tachó de «desastre» un plato preparado por Alba y ésta pensó con buena lógica: «Si estoy en Master Chef no puede ser tan, tan desastre...».
En todo caso, tal y como indican desde el programa, los jurados se han quedado «impresionados con el increíble nivel que tienen», y eso a pesar de la modestia de estas niñas a quienes sorprende y encanta que la gente, y sobre todo los niños, las reconozcan por la calle y se interesen cada vez más por la cocina. Polemizan sobre qué estaba más rico en las sesiones, si las especialidades mexicanas, los rollitos o las tartaletas de chocolate. En cuanto al juez favorito, ahí no hay discusión: Pepe, porque «es muy majo y compartimos más momentos con él que, por ejemplo, con Jordi». También están en acuerdo en la «paciencia» de la que hicieron gala ya que fueron, en total, «más de 200 horas de grabación», recuerdan.
Grandes embajadoras de la gastronomía leonesa, no lo tuvieron fácil el día en que tuvieron que elaborar especialidades locales: no había picadillo para la empanada berciana, a Cristina le dijeron que sus sopas de trucha eran muy espesas («¡en el Órbigo se comen así!, defienden») y la morcilla que le trajeron a Alba era... asturiana.