CULTURA Y PATRIMONIO
Las cartas leonesas de Quevedo cuadruplican su valor en la subasta
El Estado dejó pasar un lote de manuscritos que fueron vendidos por 20.000 euros

Un instante de la subasta de documentos históricos y obras de arte que tuvo lugar ayer en la casa madrileña Abalarte
Un particular adquirió ayer las únicas copias conocidas en España de las cartas que el insigne escritor Francisco de Quevedo envió desde el convento de San Marcos de León, donde sufrió una durísima prisión entre 1639 y 1643. El lote de manuscritos salía a la venta por 5.000 euros pero acabó cuadruplicando su valor, dado que el comprador subió hasta los 20.000 euros en la puja organizada por la casa madrileña Abalarte.
El Estado compareció en la subasta pero no ejerció su derecho de tanteo, algo que pudo deberse a dos razones: o bien su objetivo no era la correspondencia del autor del Buscón o bien consideró que el precio alcanzado era demasiado elevado. En otras ocasiones, la administración se había presentado en casas de subastas similares donde salían a la venta obras de arte leonesas, comprándolas algunas veces con destino al museo capitalino (como la conocida cruz de plata procesional del siglo XVII o las recientes tablas de los maestros de Astorga y de Palanquinos, del XVI), dejándolas pasar en otras (caso, entre otros, de varias monedas visigóticas y del Reino de León).
El lote de ayer estaba compuesto por 43 documentos, copias de las cartas escritas por Quevedo desde el convento de San Marcos. «Las cartas —explicó en su día a este periódico Olga Román, del Departamento de Libros y Manuscritos de Abalarte— están dirigidas a dos jesuitas amigos suyos, el padre Pedro Pimentel y el padre Juan Antonio Velázquez, con quienes compartía las muchas noticias que recibía constantemente en la cárcel, su interés por la literatura y la vida política, y hasta sus parodias de las intrigas de los próceres de la monarquía».
Autora de la catalogación y el estudio de este epistolario, Román precisó que las cartas son «comunicaciones extensas» e hizo hincapié en que en ellas resulta patente hasta qué punto, y a diferencia de otros corresponsales, «con estos dos jesuitas se sentía libre para ventilar, con su acostumbrado ingenio y atrevimiento, su experiencia, su intelecto, su habilidad literaria y su sentido del humor. En ellas se hablan de temas políticos, literarios, filosóficos e históricos, y hace críticas a actuaciones tanto del rey como de diversos personajes de la Corte y de la Compañía de Jesús».
Los chismes de prisión
Pero en las misivas retrata también «diversos aspectos de su vida cotidiana en prisión, los chismes que circulaban por el convento y las visitas con las que conversaba y que le daban noticias de la ciudad y la Corte». Además, algunas de ellas, «según el criterio del padre Pedro Abarca, el rector del colegio jesuita donde se copiaron, podía ser ofensivo al gobierno, familias o gremios particulares, un criterio que coincide con la censura coetánea de las obras de Quevedo», manifestó.
Salvo el Manuscrito Aobar, custodiado en la Hispanic Society, bien podrían ser éstas las únicas copias conocidas de las cartas leonesas de quien fuera uno de los más importantes escritores del Siglo de Oro.