Diario de León

Toño Benavides poeta e ilustrador

«Escribo para saber lo que pienso»

El prestigioso ilustrador leonés Toño Benavides gana el Premio de Poesía Eladio Cabañero, dotado con 4.500 euros. La obra ‘Gran Sur’ será publicada por la editorial Reino de Cordelia y saldrá en septiembre.

El poeta e ilustrador leonés Toño Benavides.

El poeta e ilustrador leonés Toño Benavides.

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pacho rodríguez | madrid
León

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A Toño Benavides una vez le picó el veneno en verso y resultó que fue un buen día. Porque, para el prestigioso ilustrador leonés, cuya otra obra es de sobra elogiada y premiada, y está presente en lo cotidiano mucho más de lo que podría pensarse, escribir puede ser una forma de descifrarse. En cualquier caso, una forma de expresión que ha hecho que cada vez haya más noticias de su trayecto poético. Él piensa que le sirve para saber hasta de sí mismo, y siempre muestra una actitud en la que no hay tregua ni para la autocomplacencia cultureta, tan peligrosa como omnipresente, ni para creerse un milímetro más allá de lo que es.

Pero, claro, uno no está exento de riesgos y a veces se materializan en forma de premios. Y es por eso, con permiso del Toño Benavides gran ilustrador, que aquí aparece el Toño Benavides escritor. Y así, en la Fiesta de las Letras Ciudad de Tomelloso resulta que ha ganado el Premio de Poesía Eladio Cabañero, dotado con 4.500 euros y edición de la obra por Gran Sur . Sirva como ejemplo, los elogios a la faceta literaria que expresó el autor Luis Alberto de Cuenca, sorprendido por ser un auténtico fan de lo otro que hace Benavides. Gran Sur será publicada por la editorial Reino de Cordelia y saldrá a mediados de septiembre.

—¿Escribir poesía le llega por la lectura, por la búsqueda de otros lenguajes?

—Mi obsesión es hacerme entender porque siempre he tenido una visión de la realidad un tanto alejada del consenso social dominante y uno nunca sabe hasta qué punto lo que percibe del mundo se corresponde con la realidad o es una distorsión que proviene de algún defecto mental congénito. En cuanto al lenguaje no hago diferencias. Eres poeta por tu forma de ver el mundo, no por el lenguaje que empleas para expresarlo.

—¿Qué tienen las palabras que no cuenten las imágenes?

—Las palabras tienen el poder de convertirse en imágenes. La palabra es también una técnica artística con la cual se puede pintar directamente en la mente del lector, sin lápices, sin pinceles, sin lienzo. La paleta de colores es inmensa. Quién puede resistirse.

—¿Por qué escribe poesía?

—Yo lo hago porque no puedo evitarlo y para saber lo que pienso. Creo que la poesía consiste en la construcción de máquinas para la exploración subjetiva de la realidad. Al publicarla declaramos que es también un intento de comunicación. Busco un equilibrio entre ambos objetivos. En un mundo que cada día me parece más extraño, más aterrador y más fascinante, el poema me sirve como un artefacto amplificador-comunicador de experiencias.

—¿Este poemario que recibe un premio es un avance más en usted mismo?

—Con un premio recibes el aval de un jurado compuesto por autores de reconocido prestigio, autores a los que has leído y en cuyo criterio confías como, en este caso, Jesús Urceloy o Luis Alberto de Cuenca. Que seleccionen tu poemario entre varios cientos supone una gran inyección de moral y a la vez una carga de responsabilidad de cara a proyectos futuros.

—Como dice José Hierro, «supe por el dolor que alma existe». ¿La poesía tiene que llegar de algún lugar así?

—No, para nada, pero el poeta es inconformista por naturaleza, tiende a denunciar lo que no le gusta, así que la queja y la protesta son fuentes habituales en la poesía. De la calidad de cada uno dependerá que su obra suene como un glorioso canto elegíaco o como la queja de un pusilánime.

Poetas como Bukowski han hecho mucho daño a gente que pensó que un poema se justificaba sólo por ir cargado con la pólvora de cuatro o cinco exabruptos. Bukowski es único, sobran las imitaciones y conozco poetas como Ana Pérez Cañamares, David González o Luis Miguel Rabanal, de una gran lucidez y contundencia en la expresión del dolor sin valerse de recursos fáciles.

—¿Cree que en esta sociedad hay que reubicar al poeta frente al poder?

—El poeta siempre ha estado con la vida y eso le sitúa automáticamente contra el poder, porque el poder raramente baja a pie de calle o se compromete con la libertad o la justicia. El poder, tarde o temprano, venga de donde venga, acaba defendiendo intereses elitistas minoritarios e imponiendo un modelo restrictivo de moral. El poeta que está con el poder no es un poeta, es un relaciones públicas. Como escribió Benjamín Prado, “La verdad oficial es el primer indicio de mentira.”

—León, tierra fértil de estupendos autores, novelistas, poetas... famosos y anónimos. ¿Es para tanto esto de aquí?

—Sin duda. Yo creo que algo tiene que ver con el clima, que invita a quedarse en casa leyendo, escribiendo, en fin mareando la perdiz. Aunque eso no explica las toneladas de talento que ha demostrado tanta gente que ha salido de aquí y nuestra generación (la tuya y la mía) es un caso para el estudio. A veces pienso que hemos sido objeto de algún experimento social de la CIA o los marcianos... Nuestra tragedia es que vivimos en un país que raramente valora ese talento o no ha sabido qué hacer con él, y el que no acaba loco acaba emigrando.

—¿Hacia dónde cree que va la sociedad de la información?

—Nuestra sociedad es una sociedad de control, la quintaesencia de la distopía orwelliana. Con internet, el poder se encuentra ante la imposibilidad de contener la libertad de expresión pero ha generado estrategias para limitar su alcance, básicamente la saturación con información irrelevante, la intoxicación, la manipulación de las noticias y todas las técnicas que ya empleó Edward Bernays en su momento. Hay pocos medios que hayan conseguido mantener una cierta independencia con respecto al poder. Se hace más necesaria que nunca la autonomía de pensamiento, el criterio propio. No sé... algún tipo de resistencia intelectual.

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