Adiós a la última dama de Hollywood
Lauren Bacall muere en su apartamento de Nueva York a los 89 años tras sufrir un derrame cerebral.

Pie de foto.
La actriz estadounidense Lauren Bacall, sumió ayer a Hollywood en un doble luto después de la muerte de Robin Williams al fallecer a los 89 años en su casa de Nueva York, dejando atrás una carrera legendaria y una condición, la de viuda de Humphrey Bogart, que le persiguió durante 67 años. Fue, de hecho, la cuenta oficial de Twitter de la entidad que gestiona el legado de Bogart, la encargada de confirmar su muerte. «Con profundo dolor por la magnitud de nuestra pérdida, y con una inmensa gratitud por su increíble vida, confirmamos la muerte de Lauren Bacall», decía el tuit que volvió a confirmar esa macabra ley que reza que las estrellas nunca se van solas.
Las primeras reacciones, ahora vertidas en las redes sociales, no fueron tanto de anécdotas personales como mensajes de admiración de celebridades que no eran más que espectadores cualesquiera ante su carrera. Bacall era la superviviente de una generación a la que llegó muy joven y que la perspectiva de la historia ha acordado llamar Hollywood dorado. Apenas quedan compañeros que la conocieran de verdad.
John Cusack u Orlando Bloom se despedían con un simple «RIP Lauren Bacall» en las redes sociales, o el rockero Gene Simmons, decía que era «una clase de interpretación». No se espera de un Kirk Douglas, uno de los pocos que quedan de su época, que reaccione por las redes sociales, aunque entre medias quedarían Barbra Streisand, la única que consiguió acercarla al Óscar con The Mirror Has Two Faces en 1996 y Nicole Kidman, con la que rodó dos películas en su última etapa.
Bacall había nacido el 16 de septiembre de 1924 en el Bronx (Nueva York) con el nombre de Betty Joan Perske, tenía sangre judía polaca (era prima del expresidente israelí Shimon Peres) y rumana y, superada una inicial vocación de periodista, enfocó su carrera a la interpretación. Unirse a Bogart en su debut, bajo la dirección de Howard Hawks potenció y limitó su carrera a la vez, pues hasta la muerte del intérprete de Casablanca , su carrera se limitó casi exclusivamente a sus películas como tándem: The Big Sleep (1946), Dark Passage (1947) y Key Largo (1948). Eso sí, todas ellas obras maestras del cine negro.
Se empezó a emancipar con la comedia locuaz sofisticada de How to Marry a Millionarie y Designing Woman , mientras Bogart caía enfermo de cáncer y la dejaba viuda y con dos hijos con solo 32 años en 1957.
Protagonizó también el suntuoso melodrama de Douglas Sirk en Written on the Wind , pero su carrera en el cine se fue apagando y rehizo su vida con Jason Robards Jr, con el que se casó en 1961 y se divorció en 1969, teniendo con él su tercer vástago. Lauren Bacall, que en el fondo siempre fue demasiado neoyorquina para Hollywood, volvió a su ciudad natal para convertirse en toda una dama de Broadway, donde ganó dos premios Tony por Applause y The Woman of the Year , y ocupar un amplio apartamento en el mítico edificio Dakota, el mismo donde murió John Lennon o donde Roman Polanski rodó «Rosemary’s Baby». Fue allí donde falleció.
Sus regresos al cine fueron como invitada especial en títulos como Murder at the Orient Express , y se dedicó a escribir sus memorias, tituladas By Myself y que le dieron el National Book Award, pues además estaban escritas con el ingenio de una mujer de personalidad de hierro.
Date prisa
« Date prisa, no voy a estar aquí eternamente!», instaba Lauren Bacall hace 10 años al director español Pedro Almodóvar para que la incluyese en alguna de sus películas, porque quería trabajar con él «a toda costa». «No quiero hacer cosas convencionales. El tiempo que pueda me gustaría trabajar con directores jóvenes y con talento», afirmaba la actriz en Viena.
Entre ellos, el que estaba en el lugar de salida, su absoluto preferido, era Almodóvar, que a lo mejor le daba «el papel de su vida», el que ella, a pesar de que ya había cumplido 80 años, seguía esperando. Habría sido la segunda vez que se pusiera a las órdenes de un director español, porque en 1999 ya la dirigió el mallorquín Antoni Aloy, en la película El celo , que se rodó en Mallorca. A lo largo de su vida, la Flaca, como se la conocía en Hollywood, estuvo cinco veces más en España. La capital española fue el primer lugar que visitó en 1959. Ese mismo año también estuvo en Granada, donde rodó «La India en llamas», un película que protagonizó junto a Kenneth More. Tardó 30 años en volver y lo hizo para charlar largo y tendido en la entrevista que le concedió al escritor Terenci Moix para su programa de TVE Más estrellas que en el cielo : «El tiempo pasa rapidísimo y lo malgastamos», le dijo como advertencia. Un encuentro que aprovechó para asistir, junto con Moix, al Corral de la Morería, uno de los tablaos flamencos de Madrid más señeros, regentado por la bailaora Blanca del Rey.
Del Rey se acuerda muy bien de la actriz estadounidense. «Fue una noche mágica. Creo que era la primera vez que Bacall veía bailar flamenco en directo, porque estaba entusiasmada. A los dos días volvió con un amigo fotógrafo para hacerse fotos con mis vestidos de cola», rememora a Efe esta bailaora que ha paseado por todo el mundo su famosa soleá con mantón.