Diario de León
Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

Creado:

Actualizado:

En:

Se nos van las procelosas disculpas del tiempo, y viene sin llamar la justicia venida a menos de la muerte. Porque la muerte tiene un criterio desnortado que no siempre nos convence.

No nos convence que ella, y su injusticia, se lleve por delante la vida de tres hombres que caminaban en pro de la vida de los demás. Tres hombres: Emilio Pérez Peláez, Marcos Antonio Benito Rodríguez y José Martínez Conejo.

De los hombres buenos no nos queda grabado su rango o su posición social. Nos queda el carácter tallado en sus hechos, nos queda el oficio ejercido y sus manos como testimonio del trabajo realizado a lo largo de la vida. Decía Juan Carlos Onetti en su obra Los adioses : «Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos [...]» porque de ellas se adivina, a la manera en que el almacenero lo hace, que no hace falta más que el símbolo de la mano, para entender el buen hacer de un hombre.

Por ello, por ese buen hacer que Jaume Vallcorba ejerció, también a él le reconozco este «adiós» sentido. Porque su vida fue ejemplo de persecución de lo innato, porque no desfalleció en su búsqueda de lo perfecto y excelso. Porque en cada gesto de su temperamento, tuviese como fin la gloria o no, hubo una persecución mayor, la de editar con pasión. Desde el hecho material, el tamaño, la tipografía, la calidad del papel, el método de encuadernación, el significado completo de lo que en la mano se sostiene: el libro. Todo su esfuerzo fue dirigido hacia la concepción del producto perfecto. En forma, y en fondo. En cuerpo y en alma. No en vano, un hombre que en pleno siglo XXI asume como necesidad el papel, la configuración del libro desde el buen gusto, con guardas o páginas de cortesía o lomo cosido, márgenes limpios y distancias que no se afligen por ocupar más letras en menos espacio... Un hombre que concibe la obra como necesidad primera, y es capaz de superar la tediosa discrepancia del precio y los posibles inconvenientes mercantiles, un hombre así, sin duda, ama la profesión de editor.

De no ser así, se tacharía de locura el intentar publicar más de 2800 páginas en 4 volúmenes de un título como Memorias de ultratumba de François-René de Chateaubriand, que originariamente se publicó en 42 volúmenes a mediados del XIX.

Este mecanismo vital, el que hace que hombres como los tres agentes del Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña (GREIM) luchen a pesar de lo racional en favor de lo bien hecho, poniendo en juego sus vidas; o que editores como Jaume Vallcorba, de la editorial Acantilado, tenga presente la dignidad del libro y su contexto a pesar del afán mercantilista del sector, hacen que hoy el recuerdo y el ADIÓS con mayúsculas, sea para ellos. Nuestro recuerdo está ligado a todo el bien que nos dejaron en vida.

tracking