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León

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Crítica de televisión mikel labastida

La otra noche, entre cazuelas y reinas, andaban en La Sexta dándose mamporros. Llegaba al fin a España la adaptación televisiva de Gomorra , basada en el libro que cambió la vida de Roberto Saviano. El autor italiano reconocía hace unos meses, durante la promoción de su último trabajo, CeroCeroCero , que se había arruinado la vida, que buscar la verdad había propiciado que su día a día y el de los de su alrededor se truncase.

En Gomorra descubría los mecanismos que mueven a la camorra y los principales clanes que hay detrás de ella, algo que no gustó a los protagonistas, quienes, desde entonces, le sentenciaron a muerte y le han obligado a pasar 24 horas al día rodeado de guardaespaldas.

Era muy complicado trasladar a la pequeña pantalla la trama de la novela y estar a la altura de las circunstancias. Matteo Garrone salió bien parado en 2008 cuando se decidió a desplazar la historia al cine.

Lo de la serie resultaba más complejo y sorprendentemente el resultado ha sido estupendo. Es sucia, es desgarradora, es valiente. No podía ser de otra manera si se quería contagiar al espectador la realidad que describió Saviano. Si se realizaban concesiones se perdía el objetivo. Y no se ha hecho. Si usted vio la serie anoche se daría cuenta de ello. Y va a más, mantiene el listón. Le pese a quien le pese.

Y ha pesado. Al día siguiente de su estreno en Italia fue tachada de demasiado violenta y de reflejar una imagen dañina para la barriada napolitana de Scampia. Hasta Maradona se enfadó porque uno de los personajes había tomado su nombre como apodo. Si el primer capítulo de Gomorra hubiese satisfecho a todo el mundo o hubiese dejado indiferente se debería haber considerado un fracaso. Los capos en esta ficción (como ya se hacía también en la estupenda Roma criminal ) muestran una cara de la mafia muy diferente a la que vimos en Los Soprano o Boardwalk Empire y lejanísima de la idea, casi idílica, que plasmó El padrino . El glamour para los Corleone.

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Esto es otra cosa, esto salpica y mancha. Y por eso, o pese a eso, hay que verla.