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León

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Crítica de televisión yolanda veiga

Ocurre que los niños son material sensible, material delicado para el traqueteo televisivo. Telecinco estrenó la semana pasada Pequeños gigantes, el concurso de niños cantores y bailarines que presenta Jesús Vázquez, al que cada proyecto confirma como el más sólido conductor de programas de variedades. Tiene el gallego el don de entenderse con todos, sean famosos de primera, de segunda, desconocidos o friquis, que a todos ha tratado. Salvó con nota el concurso de los trampolines, supo mantener arriba ‘Operación Triunfo’ (el fracaso quedó atribuido a Pilar Rubio) y contribuyó activamente al éxito que en su día fue Supervivientes, cuando llevaban a gente con cierto mérito conocido y no solo a tronistas de Mujeres, hombres y viceversa . Jesús lo hizo muy bien entonces y lo hace muy bien ahora con los chavales, a los que se acerca con la dosis justa de distancia y cariño. Les trata como artistas y no como monitos de feria, aunque a veces la línea es delgada y el otro día vimos algún ejemplo (sin nombres, para no ofender a los papás). En el estreno del martes actuó una niña que deja en anécdota las contorsiones de Beyoncé, unos aprendices de Pimpinela muy graciosos, un niño que parecía que leía chistes sin gracia en el autoque, una cría con una voz maravillosa a la que se le olvidó la letra en el casting y por eso precisamente lo pasó... Quizá uno o dos de estos chavales se gane la vida en el artisteo, pero la mayoría no pasarán de hacer la gracia en la tele para que se emocione la abuela. Da igual, Telecinco no busca talentos, busca espectáculo. Al margen de que los programas con niños siempre resultan demasiado azucarados, Pequeños gigantes tiene una factura impecable y una ambiciosa puesta de escena, que Telecinco no monta este tinglado para ser segundones.

Han acertado con el casting y con el presentador, pero han pinchado con los jueces. A Jorge Cadaval se le ve retraído (molaba más cuando hacía lo de Antonia y Omaita) y Angy «flipa» mucho pero cuando no sabe qué decir (que es a menudo) sale con eso de: ‘Tenéis un arte... ¡ahhhh!’. La versión juvenil del ‘eres un monstruo’, que decía Rosario en La Voz .

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