Diario de León

El inquietante pájaro del horror

Hoy arranca en la Universidad la cuarta edición del congreso de Ficción Criminal.

Imagen de una de las viñetas de Oscuras manos del olvido.

Imagen de una de las viñetas de Oscuras manos del olvido.

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cristina fanjul | león
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Maite Pagazaurtundua, José Luis Muñoz, Alejandro M. Gallo, Dan Fyfe, Isabel Santauralia, Socorro Suárez Lafuente, Cristina Alsina Risquez, Javier Rodríguez, José Manuel Trabado, Haizam Amirah Fernández, María del Carmen Pérez Díez... El cuarto congreso de Ficción Criminal que hoy comienza en la universidad corre cada año el peligro de no estar a la altura del anterior. En esta ocasión se ha superado y se aventura sin miedo tratar de desentrañar la maraña en la que crecen las raíces del terror. El ciclo, dirigido por María José Álvarez Maurín, Nuria Sánchez Villadangos y Miriam López Santos, se centra en el fenómeno del terrorismo islamista, pero no sólo. Así, abordará el universo de horror generado por otras bandas criminales y de qué manera han influido en el desarrollo de una nueva concepción cultural, económica y social. El congreso comienza hoy y se prolongará hasta el viernes. Durante estos tres días, los ponentes se centrarán en esta nue- va yihad contemporánea y desarrollarán argumentos en los que estarán presentes otras clases de fundamentalismos asesinos, como el vasco.

Novela gráfica

El profesor José Manuel Trabado realiza hoy un repaso acerca de cómo el cómic ha tratado el tema del terrorismo y las víctimas. En concreto, Trabado confrontará Oscuras manos del olvido, de Hernández Cava y Bartolomé Seguí con He visto ballenas , de Javier de Isusi.

La primera de ellas es una narración que se ancla profundamente en ciertas convenciones genéricas perfectamente arraigadas en la gramática del cómic. Duhamel es un matón que ha salido de la cárcel tras cumplir una larga condena pagando así las culpas de un delito que no cometió. Con ello salvaba al hijo de jefe. A su salida debe cumplir un encargo: vengar la muerte de una víctima de ETA. «Podría pensarse en una suerte de ajuste de cuentas pero circunscribir el análisis de esta obra a esa idea sería empobrecerlo extremadamente. Tras la acción y suspense que organizan la trama narrativa existe un profundo pensamiento que invita a la reflexión. Su protagonista, como los buenos personajes de la novela negra, muestra un profundo descreimiento», destaca Trabado. El profesor explica que esta novela entraña una sólida reflexión que tiene lugar en varios lugares de la historia: en la charla que mantiene con un dirigente histórico de la banda ETA, con la viuda de una víctima o con una profesora de la Universidad del País Vasco. «Cada uno mantiene una idea diferente que acaba por intentar no simplificar el problema de la identidad, la lucha armada o terrorismo según la perspectiva adoptada, de la solución del conflicto», añade el investigador. Además de esa sólida reflexión que sirve como contrapunto a la acción de la trama, existe un amplio muestrario de referencias que exigen un lector atento y maduro: referencias literarias a textos de Antonio Machado, Ausias March, Quevedo, Valle Inclán, etc. «Se cita para denostarlo el prólogo que Sartre escribió para el libro de Franz Fanon, Los condenados de la tierra en 1961 en el que relacionaba la descolonización con la violencia dándole así una coartada ideológica justificativa: «Hay ideas cuya enunciación no debería estar permitida por la puerta que abren a la hecatombe» reclama Duhamel.

José Manuel Trabado subraya que Javier de Isusi busca, en cambio, un tono más intimista y muy emocional. Se centra en tres personajes que encarnan los roles narrativos del integrante de ETA, el hijo de un asesinado y otro militante del GAL. «Isusi instaura un remanso que invita a la reflexión y el lugar elegido para el desarrollo de la acción es la cárcel», explica Trabado, que explica que allí se encuentran Emmanuel (mercenario del GAL) y Josu (miembro de ETA). «Ambos compartirán un momento epifánico en la cárcel en la que se constata el derrumbe de sus certezas ideológicas». El profesor de la Universidad de León destaca que la historia posee una notable intensidad emocional que consigue trasvasando el conflicto vasco a la historia de dos amigos de la infancia que se distancian por la entrada en ETA de Josu y el asesinato del padre de Antón a manos de la banda armada. «Ambos viven atenazados por el dolor, la culpa, el deseo reprimido de violencia y la necesidad de un reencuentro que marcará el final de la obra», sostiene Trabado.

Y es que incluso el título crea un marco simbólico en el acto de avistar ballenas remite un episodio anclado en el tiempo feliz de la infancia en el que uno de los protagonistas cree haber visto ballenas mientras remaban en una trainera. «Lo anecdótico de la trama se vuelve simbólico con el tiempo y la capacidad de ver ballenas está en ver lo extraordinario, algo que los demás no pueden ver», defiende el investigador.

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