PATRIMONIO
Sacramento contra San Isidoro
Un andamio cubre un lateral de la colegiata por temor a desplomes.

Andamio colocado en San Isidoro, en la calle Sacramento, ante el riesgo de que se desplomen piedras.
Un andamio tiene ‘cercada’ la calle Sacramento, en el lateral de la basílica de San Isidoro. La empresa Decolesa llevará a cabo obras de emergencia en la colegiata ante el riesgo de que se desplome alguna piedra. Estos trabajos preventivos los financia el Cabildo. El arquitecto conservador de la joya del románico supervisará hoy las cornisas del edificio para evaluar su consistencia.
En principio, sólo se van a sellar las losas resquebrajadas, para evitar que se desmoronen. La estrecha calle Sacramento es una zona muy transitada por los alumnos del Instituto Legio VII y del Colegio Leonés. Existen precedentes de desprendimientos en esta misma esquina, donde ya se precipitó a la calle una piedra de diez kilos de peso en noviembre de 2006. Los cascotes eran parte del remate de un pináculo situado a unos quince metros de altura, en la zona que restaurada con motivo de la exposición Tesoro Sagrado (en el año 2000).
Las lluvias y las heladas podrían provocar la caída de pedruscos en una de las partes más endebles de San Isidoro, un monumento que, como reconoce el abad, Francisco Rodríguez Llamazares, exige continuas obras de mantenimiento. Y ello a pesar de que el edificio erigido por los reyes Fernando I y Sancha sufrió recientemente una rehabilitación integral, costeada por la Junta, que, al parecer, no afectó a este ‘punto débil’ de la colegiata.
Algunos elementos ornamentales que coronan este lateral de San Isidoro hace años que están protegidos por mallas, como medida de seguridad.
La gran afluencia de público que ha visitado el Museo de San Isidoro desde que se descubrió que alberga el Santo Grial ha proporcionado ingresos extra al Cabildo, que ya sufragó con ellos la sala blindada bajo la torre del Gallo en la que se exhibe el Cáliz de la Última Cena; dinero que permitirá ahora asegurar la fachada lateral. En León es ya habitual la ‘lluvia de piedras’ en los principales monumentos: la Catedral, San Isidoro, San Marcos y la muralla tardorromana.
La teoría de los terremotos
Alejandro Valderas, durante su época de concejal de Patrimonio de León, llegó a pensar que era gafe cuando cayeron pedruscos de una docena de edificios en apenas cuatro meses. Averiguó entonces que en ese período de tiempo se habían sucedido 90 terremotos de baja intensidad, que provocaron pequeñas heridas invisibles en monumentos como la Catedral y la muralla.
El efecto de los seísmos fue evidente meses después, en plena temporada de lluvias. Valderas reclamó sin éxito la adquisición de un sismógrafo, ya que el que cubría la provincia se encontraba en Logroño. Los arquitectos conservadores de San Isidoro no consideraron entonces que esta teoría fuera descartable.
Lo cierto es que el desprendimiento de gárgolas y piedras en monumentos como la Catedral o San Marcos puso en evidencia el deterioro de las fachadas en ambos edificios.