Diario de León

Marifé Santiago escritora

«Me dejo llevar por los personajes y los momentos que se me presentan»

Las protagonistas de tres novelas de Marifé Santiago Bolaños, convocadas por María Salomón, se reencuentran tras toda una vida en ‘Las constelaciones del capitán’, el nuevo libro de poesía que la autora presenta hoy en Madrid con un espectáculo musical y de danza. Hora: 18.00 Lugar: San Bernardo, 44. Teatro de la Escuela Superior de Canto de Madrid.

Marifé Santiago Bolaños presenta hoy su nuevo libro.

Marifé Santiago Bolaños presenta hoy su nuevo libro.

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ana gaitero | león
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Marifé Santiago Bolaños, madrileña de nacimiento, y con raíces profundamente maragatas en Boisán, junta a las protagonistas de El tiempo de las lluvias , La canción de Ruth y El Jardín de las favoritas olvidadas en Las constelaciones del capitán (Ediciones La Palma. Colección eMe) , «un libro de poemas en el que tres amigas de la infancia, se encuentran a la llamada de María Salomón para crear un mapa metafísico, interior y del alma contándose lo que han sido ellas y los caminos de la vida de las tres en muchos años sin verse», explica.

—María Salamón es una buscadora de la memoria, en el El jardín busca a su madre y ahora reúne a las amigas.

—Sí, es un personaje muy particular. Yo ni siquiera sabía que eran amigas. Ella se dedica al teatro buscando esos espacios de la memoria donde están las huellas de quienes somos y lo que no sabemos que somos. María Salomón ha vuelto a aparecer en mi vida y la he seguido.

—¿Es sólo un personaje de ficción? ¿O es usted misma?

—Nunca lo sé. Me dejo llevar por los personajes, por las circunstancias y por los momentos que se me presentan. Los personajes de mis novelas me llevan a los lugares. Cuando fui la primera vez a La Habana, El jardín de las favoritas olvidadas ya tenía unos cuantos años, pero la gente de allí que había leído creía que yo conocía muy bien la isla. María Salomón me llevó a La Habana. Me ha pasado lo mismo con el palacio Bauer, donde se presenta Las constelaciones del capitán . Fue una casa de una familia hebrea. En mi novela La canción de Ruth la familia sefardí húngara que regresa a España huyendo del nazismo se refugia y vive las primeras semanas en el palacio Bauer. Me encanta que Las constelaciones nos lleven a ese espacio.

—¿Y el capitán?

—Es uno de los personajes más fascinantes que me han acompañado en lo que he escrito. Surgió en El Jardín y me maravilló. Sin ser el protagonista, se convirtió en el faro de todos los personajes. Sabía que el capitán tendría que volver a acompañarme, si no me sentiría muy triste. Al final ha aparecido no como personaje, sino como reflexión: Los grandes momentos de las personas requieren la fundación de un jardín de la memoria. Si fuéramos capaces de mirar desde el aire y ver los puntos donde están situados esos jardines seríamos capaces de ver nuestra constelación.

—¿Le cuesta desprenderse de los personajes?

—Son ellos. No ha habido un intento, ni un ejercicio literario consciente. Es verdad que en todas mis novelas aparecen referencias a mis novelas anteriores, pequeños detalles hilo, pero nunca había ocurrido algo tan extremo como con María Salomón. La novela en la que llevo trabajando seis años en cierto modo empieza donde terminó El jardín ...

—Presenta el libro en un lugar simbólico y lo hace de la mano de música y poesía.

—Me gusta mucho que las presentaciones tengan algo de fiesta, encuentro, ceremonia ritual. Que se viva esa experiencia estética de lo que la creación significa. Pero es casual. Fue la editora, Nuria Ruiz de Viñastre, quien me propuso el lugar que yo frecuento y casualmente conozco a Héctor Guerrero, el pianista que nos acompañará, que además es leonés. Hay un círculo maravilloso de coincidencias.Bailan Gloria García Arambarry, con música de Sirma, también de León, y Ioshinobu Navarro, con una pieza de Schumann.

—Evoca un espectáculo clásico, me lleva a Grecia...

—Está muy bien pensar en el Mediterráneo en estos tiempos. Hace falta reivindicar esas raíces que crecen y dan frutos, no de las que te atan. Nos enseñan el alma sin disfraz, son espacios de la geografía mental de los seres humanos que merecería la pena detenernos en su sabiduría. En Las constelaciones hay un poco de ese arranque del pensamiento humano y de la necesidad de compartir sus espacios y de respetarse, que no otra cosa es la democracia, que, no en vano nació en Grecia como gran legado, lo mismo que el teatro trágico y el respeto hacia las artes.

—Tiene grandes vínculos con la cultura oriental. ¿Otro afán suyo unir culturas?

—Lo que los griegos empezaron a regalarnos ya había sido motivo de reflexión muchísimo antes en Asia, pero fueron los caminos del mar los que trajeron aquella enseñanza hasta el Mediterráneo que es fundador de una conciencia, de una manera de estar en el mundo a la que llamamos Europa. Me siento como habitante de esa memoria.

—¿Puede Grecia la que en este momento político dé una lección a Europa?

—No sé si una lección. Grecia es una señal de que no podemos dejar perder lo más valioso que Europa ha logrado, de lo que quería que creciese sobre sus cimientos que tenía mucho que ver con una manera de relacionarse, de estar y de respetar. El sueño de Europa era el lugar en que todo el mundo se encontraba en su casa. Vivimos tiempos en los que los grandes valores que la cultura preserva se han creado recluidos a un rincón. Atención a esa otra señal: Cómo es posible que no haya mujeres en un gabinete que dice ofrecer cambios de actitud. «Una actitud cambia el mundo», decía María Zambrano, así que sospecho de una actitud que es, una vez más, negadora de esa evidencia.

—María Zambrano es su norte y las mujeres su inspiración.

—En cuanto yo lo soy. Mi mirada parte de un yo que se sorprende, aprende e intenta entender qué pasa y qué le pasa. En esa medida tengo muchas compañeras.

—¿Hay un liderazgo femenino o sólo mujeres que mandan?

—Creo en lo cualitativo. Las mujeres no solo podemos sino tenemos la obligación y el derecho absoluto de aportar puntos de vista cualitativos desde la diferencia. Los grandes avances de la humanidad, esos que han creado espacios de derecho y respeto, han venido de la mano de los derechos que las mujeres hemos ido adquiriendo. No con la incorporación de las mujeres a espacios dados, sino con la voz de las mujeres creando espacios distintos en esos espacios dados. No hay más que mirar a lugares, muy próximos, donde en los últimos cinco años ha habido revolucione. Se veía un cambio era inminente. Cuando no se ha dejado espacio a lo cualitativo y diverso que las mujeres significamos no ha pasado nada, al contrario.

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