Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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L a armonía, la melodía y el ritmo en una danza donde todas ellas se sienten la invitada de honor. Y donde ninguna supera a la otra en gusto y presencia. Ninguna se erige como protagonista y deja espacio a multitud de orgasmos sónicos. Os cuento esto mientras escucho la pieza Eventually del álbum The Shape of Jazz to Come donde el saxo alto de Ornette Coleman, sin sobresalir a la trompeta de Don Cherry, al bajo de Charlie Haden o a la batería de Billy Higgins asume una cadencia única que hace brillar su sonido de manera especial. Hay una belleza singular en aquellos que con valor y atrevimiento asumen un grado más de libertad que el resto de los mortales. La libertad cuesta lo suyo. No es tan fácil asumirla pese a que uno luche de manera irreconocible por conquistarla. La libertad no está hecha para el paladar del cobarde de a diario.

Ornette Coleman dio libertad al Jazz. Parecería sencillo, pero no todo el mundo sabía... y de los que sabían, no todos estaban dispuestos a renunciar a fórmulas que la comprensión pagase de mejor manera. Por eso, cuando Ornette Coleman se va, el baile se para sin un ritmo acompasado... el silencio sabe más seco que de costumbre y, a la manera en que lo alumbra Gamoneda, «El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición».

La libertad era otra cosa. Me importa más esta clase de libertad que la mal entendida por el caso Guillermo Zapata. Me apena. Ciertos personajes pierden la fuerza por la boca y su concepto de humor no supera el de los adolescentes trempados. Me apena pues tenía muchas habilidades que le hacían un tipo competente; Pero me apena mucho más que la palabra dimisión sólo aparezca del lado de los errores de la izquierda. La congruencia sólo se exige en este lado y Zapata la ha demostrado.

Coleman, ese que inició sus pasos escuchando a Charlie Parker, supo de muchos baches por defender algo incomprensible. Ornette sabía que al oído había que darle riqueza y no acomodarle en lo conocido. Dio un mensaje que va más allá de un movimiento de jazz rompedor, más allá incluso de una época en la música. Va muy ligado a esa consideración incómoda que genera nuevas vías de encuentro.

La palabra y su sonido libre siempre han tenido un pensamiento asociado. Nada es gratuito. Por eso la fuerza que inició Ornette Coleman, sus atonías magistrales, su desenfado que fue guía de otros grandísimos como John Coltrane o Sonny Rollins por ejemplo, siguen vibrando a pesar de que nos haya dejado recientemente.

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Vivimos un empuje de ritmos cambiados, este Junio trae novedades y libertades nuevas, tal vez Coleman se dio cuenta de que su banda sonora estaba empezando a vivirse, la libertad, el «free» que él generó, la valentía para iniciar otro camino que dé oportunidades nuevas a quien reivindica otra manera de cantar, contar, descentrar ideas... tal vez por eso Ornette, a sus 85 años, decidió cambiar de registro una vez más. Su corazón marcó silencio; su recuerdo se fundió con el de la historia del jazz.