CULTURA
Adiós al incómodo Quijote de la música
Fallece a los 71 años Javier Krahe, un incondicional de la escena leonesa, donde actuaba todos los años.

El cantautor Javier Krahe, en uno de los conciertos que daba prácticamente todos los años en el Gran Café de León.
Creíamos que Krahe era para siempre. Ingenuamente cuervos pensábamos que iban a ser para siempre, por ejemplo, las semanas de Javier Krahe (Madrid, 1944-Zahara de los Atunes, 2015) en el Café Central de Madrid. Incluso, en todo caso, creíamos que era más fácil que cerraran el templo del jazz de la capital, que suponer que un día Krahe iba a dejar de cantar una semana en las navidades de cada año.
Ayer, en otro ataque directo al corazón de la calle Pez, se fue Javier Krahe. También dábamos por hecho que sus visitas al Gran Café de León estaban programadas ya hasta el fin del mundo. Que, pasara lo que pasara, cuando tuviéramos que descubrir a algún leonés al gran Krahe, siempre le pondríamos la guinda de: «Cuando venga al Gran Café, te aviso, y vas a convencerte».
Sensible e irónico
Javier Krahe ha sido 16 discos y 71 años. Una totalidad de artista. Un pasado que circula por estudios de empresariales, un largo viaje a Canadá, y pasada la treintena su inmersión en ese artefacto que fue La Mandrágora, junto a Alberto Pérez y Joaquín Sabina, para los que siempre tuvo palabras de respeto, complicidad y cariño. El resto es Krahe puro y duro, sensible e irónico, siempre al acecho de la denuncia contundente de la caspa de este país con palabras inteligentes.
Es curioso ahora que su Las diez de últimas, disco editado en 2013, provocara una y mil preguntas sobre si se retiraba o qué pasaba. Y que él resolvía con una cuestión tan sencilla como una expresión de cartas. Y su carrera ha sido en parte una jugada maestra en la que no se conoce concierto de Krahe en el que haya habido malentendido.
Como cuenta Rubén Giganto en el artículo de opinión que acompaña a este texto, hay una frase reservada de Javier Krahe que dice: «Queda un poco vulgar aferrarse tanto a la vida». Y esa maestría que ahora demuestra que iba en serio, ha de servir para ahuyentar a los cenizos de la música y el arte, tan acostumbrados a frases lapidarias envueltas en papel de homenaje. Porque Javier Krahe era un rayo luminoso en esos conciertos en León en El Gran Café, que era su casa de aquí y en donde brindaba llenos en cada visita.
Ahora le ha dado por irse y quién sabe dónde estará. Tal vez, lo primero que le diga Moncho Alpuente al verlo es si tiene un pitillo. Y desde abajo tendremos que ir pensando si va en serio esto de los genios de la calle Pez de irse de este infierno por el Sur.
Javier Krahe era sus propios juegos de palabras. El que quiera sus canciones top que las escuche todas. Porque, ojo, era cinturón negro de karaoke. Y la música para él era toser y cantar. En fin, un progre pero honrado, que miraba fijo a un tablero de ajedrez. Julio Llamazares, gran amigo suyo, seguro que echará de menos las partidas. Pero lo que es seguro, como dice Marina Borregán, para que lo sepa Javier Krahe, "en el Gran Café de León siempre tendrá reservada su hora de siesta y su escenario".