ARTE
El León que surgió de entre la basura
Sebastián Román ‘reedifica’ la ciudad con miles de piezas extraídas de ordenadores y electrodomésticos.

jesús f. salvadores
¿Qué hubiera pasado si todos los cientos de personas que se han ido marchando de León en las últimas décadas —por iniciativa propia o más bien obligados ante la tremenda falta de estímulos laborales— no lo hubieran hecho y se hubiesen quedado en la ciudad, criando a sucesivas generaciones de leoneses hoy inexistentes? ¿Qué tipo de escenario urbano aparecería entonces ante nuestros ojos? Estas y otras inquietudes andaban cruzándose por la siempre activa mente de Sebastián Román Lobato antes de emprender la que puede ser su más sorprendente y atractiva obra: una minuciosa recreación de la capital elaborada a base de millares de piezas procedentes del reciclado de material informático.
Desde el ‘nido de águilas’ que semeja el estudio en el que trabaja en su pueblo natal, Castrotierra de la Valduerna, Sebastián Román encara actualmente la segunda mitad del proyecto, y como si un orfebre de los procesadores y las placas base se tratara, se afana en situar y pegar, sobre un gran plano de la ciudad, componentes extraídos de ordenadores, vehículos y todo tipo de electrodomésticos recreando no la urbe actual sino un León futurista e inquietante. Respetando escrupulosamente, eso sí, los trazados de las calles y el aspecto de los edificios más característicos: de esta forma, los cubos de la muralla romana no son otra cosa que pequeños condensadores redondos, la cerca medieval corresponde en realidad a la correa de una impresora HP, la plaza de toros está hecha a partir de un redondo disipador de calor y el papel de plaza Mayor con todos sus soportales lo cumple un horadado conector de disco duro.
Verdes placas-base hacen las veces de espacios ajardinados y USBs dorados y partes de un viejo teclado se apilan hasta remedar San Isidoro en un gran proyecto de 201 x 201 que posiblemente esté terminado, si se cumplen los plazos que maneja el artista valdornés, a finales de septiembre. El Instituto Leonés de Cultura ya ha confirmado que expondrá la pieza, bautizada LEÓN, así, en mayúsculas, en su Sala Provincia. Pero su autor no quiere, de ningún modo, que esta recreación sea solamente eso, un multicolor monumento a la paciencia y a la creatividad recicladora, sino también un incentivo para que los leoneses reflexionen activamente sobre esa falta de planificación urbanística que resulta tan característica y reveladora de la ciudad.
«Parece como si nadie se hubiera planteado nada, como si ninguno de nuestros gobernantes se hubiese sentado a pensar racionalmente sobre el crecimiento y dotación de León», cree Román, quien, a diferencia de alcaldes y técnicos, sí ha conseguido urbanizar La Lastra y los barrios del Oeste. «Sólo el área de Eras de Renueva es eficaz, moderna, está pensada con cabeza... como si no fuera León», dictamina. «Al apreciar la ciudad desde arriba, sobre un plano y también a vista de pájaro —el artista ha utilizado en el proceso varias imágenes antiguas, cedidas por la Cámara de la Propiedad Urbana—, vemos que crece de forma arrítmica, como a golpe de pelotazos de empresarios y políticos», continúa.
Aún más, su idea es que la exposición incluya «uno o varios sofás» para que los visitantes puedan contemplar este León, utópico o distópico, según se mire, con toda la tranquilidad del mundo. Además de la propia pieza, la muestra estará compuesta por imágenes de algunos de sus ‘edificios’ y rincones tomadas por el artista, similares a las que configuraban otros montajes suyos anteriores como las celebradas Reciclalia, en el Museo de León, o La Isla, en el Museo Evaristo Valle de Gijón. Unas fotografías que siempre realiza junto al inmediato santuario de Castrotierra, célebre en media provincia —«lo hago allí por la luz, el cielo tan limpio, la tranquilidad... dicen que es un centro de fuerzas telúricas, no lo sé, pero está claro que algo tiene», asegura—.
Acompañando su también condición de pintor y de escultor, Sebastián Román lleva desde que salió de la Facultad de Bellas Artes, en 2003, «trepanando ordenadores». La observación de sus entrañas, similares a futuristas megalópolis, le movieron en su día a utilizarlos de forma preferente como materia prima. Aparatos procedentes de Puntos Limpios, de depósitos de chatarra («soy el único vecino de la provincia que le pregunta al chatarrero ‘¿qué tienes para mí?’ en vez de ser al revés») y de varios donantes constituyen sus principales suministros. «Trabajo con lo que usamos y desechamos diaria y constantemente, construyo con basura... y me apasiona», asegura.
A lo largo de su carrera, Sebastián Román ha protagonizado una veintena de exposiciones, por ejemplo en la Embajada de España en Cuba, en la sala cultural de IberCaja en Zaragoza o en el Joint Research Centre de Ispra, Italia. Fue primer premio en la modalidad de Fotografía del programa Jóvenes Emergentes, galardonado en el concurso Arte Joven, finalista del Carriegos... pero ahora continúa diseñando una ciudad extraña y familiar, turbadora y entrañable... el León de los Circuitos.