Lo real
Lo real no siempre se concreta con los pensamientos verbalizados. Uno habla y cree que la voz jamás se niega a sí misma... y mucho menos a la razón que defiende, sea ésta la que sea. Pero no es así. Lo real nos convence con gestos que cada vez advertimos más, como en una nueva edad media, sin inmutar nuestro escepticismo, alimentando de manera glotona esa resignación que en el medievo, y en los días que transcurren, se instala con absoluta porosidad en las conciencias de los ciudadanos con hambre.
Lo real nos demuestra, ya sin ninguna duda, que Europa no existe como comunidad. Como feudo y lugar de luchas intestinas sin duda; nunca ha dejado de ser así. Pero como foro de voces que abogan por una manera de entender la vida, donde la dignidad y la evolución lógica de las ideas que nos conforman como humanidad preocupada de los valores que los grandes pensadores han desarrollado en pro de un mundo más equitativo, justo, demócrata, sabio y, en definitiva, mejor... eso, ha desaparecido en el concepto de una Europa global.
Volvemos a los imperios, a los lugares cuya hegemonía dilapida a unos para consagrar a otros. Habíamos intentado generar una imagen de prosperidad en torno a la justicia cívica que poco ha durado. Queríamos ser baluarte del pensamiento... pero nos ha fagocitado la especulación y el ansia de un poder que realmente no era necesario.
Decía un buen amigo, cantante, que la vida no se aleja mucho de lo que fuimos: monos. O se colabora o se ataca y gana el fuerte. La colaboración ha dejado de ser interesante para aquellos que desarrollaron las mejores civilizaciones en torno a la colaboración y la cooperación. Ahora toca sembrar Europa de ese gris que siempre la historia repite. Ese medievo sin interés humano. La inquisición que todo lo aplastó, hoy se transforma en otro concepto: Los mercados. Y la gran devastación que generó a nivel cultural y social la iglesia en aquellos años, lo hace ahora Alemania y los neutrales.
Alemania quiere ser dueña. Alemania quiere tener un feudo donde lavar conciencias de manera espeluznante. Ella no quiere que sus empresas se beneficien pagando por sueldo un cuenco de arroz, han sido tachados y acusados en la historia de genocidas y la población actual no está dispuesta a llevar esa etiqueta de por vida. Pero sus gobernantes sí que están dispuestos a que para que Alemania prospere, haya un sector hermano, la Europa del Sur, que cobre salarios de 500 euros, se les pueda despedir con facilidad (para que ellos puedan seguir presionando) y no gasten sus pocos recursos en generar prestaciones sociales que tan sólo unos pocos —la troika— han de poder disfrutar.
Lo real es que Grecia, Portugal, Italia y España, en ese orden, o dan un golpe firme sobre la mesa o aceptan ser la plebe de Alemania. Lo real lo define Gopegui: «Estábamos en nuestras camas, o en nuestras mesas de trabajo, estábamos en nuestras oficinas que no son nuestras, en nuestros salones que no son nuestros, en nuestra calles que no son nuestras, estábamos y oímos correr la voz de una historia».