Colinas del Campo... etcétera
Diferentes listas que se han hecho muy populares en Internet rastrean los pueblos con los nombres más largos y peculiares: en ambas León se halla bien representado.
Colinas del Campo de Martín Moro Toledano ostenta el segundo nombre más largo de España.
Son tan largos que apenas resultan reproducibles en letras de molde; tanto, que ponen a prueba la capacidad pulmonar de quien se atreve a leerlos en voz alta y en serios aprietos la retentiva de los más memoriosos. Se trata de las poblaciones mundiales con los nombres más largos, una de las populares listas que estos días corren como la pólvora por las redes sociales y similar a la de las localidades con las denominaciones más curiosas o estrambóticas. En todas está presente el mapa leonés.
A nivel internacional, los apelativos más extensos incluyen lugares de bautizo tan asfixiante como Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch, en Gales, o —tomen aliento— Taumatawhakatangihangakoauauotamateaturipu-kakapikimaungahoronukupokaiwhenuakitanatahu, una colina de Nueva Zelanda. O, por ejemplo, el asombroso nombre ceremonial completo de Bangkok, la capital de Tailandia, que se llevaría por delante un párrafo entero. Los españoles no son tan kilométricos: en primer lugar figura Villacarcayo de Merindad de Castilla la Vieja, en Burgos, y en segundo, la hermosa y recóndita aldea leonesa de Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, en el Alto Bierzo, un lugar con el nombre tan largo que durante mucho tiempo su cartel indicador sólo mostraba las tres primeras palabras: el nuevo colocado por la Diputación recupera el apelativo exacto de un pueblo que destaca por el —poco habitual en esta tierra— respeto vecinal hacia la arquitectura autóctona.
Con mucha personalidad
En cuanto a los topónimos más curiosos, existen diferentes listados pero el último, confeccionado por la publicación especializada en viajes Skyscanner , ubica en el número 8, por debajo de Guarromán (Jaén), Parderrubias (Pontevedra), Peleas de Abajo (Zamora), Villanueva del Pardillo (Madrid), Los Infiernos (Murcia), Dios le Guarde (Salamanca) y Ajo (Cantabria) —y por delante de Villapene (Lugo) y Guasa (Huesca)—, otra población berciana, Villalibre de la Jurisdicción, municipio de Priaranza. «Este sería el pueblo ideal para aquellos que prefieren vivir al margen de la ley», comenta el redactor de la lista.
Los conociera el compilador o no, lo cierto es que Villalibre cuenta con muchos rivales entre el Cea y el Valcarce. Desde el azaroso Suertes, en el valle de Ancares, hasta los tenebristas Calaveras de Arriba y Calaveras de Abajo, en la requejada oriental. Pasando, por supuesto, por los escatológicos Cacabelos y Calamocos de la hoya berciana, el críptico —y de aspecto como francés— Primout o el doloroso Rodillazo del Alto Torío. En pleno Páramo está el tribal Moscas del Páramo con su aire de escenario para una tópica novela costumbrista, y a orillas del Órbigo, el sonoro Altobar de la Encomienda, que era el nombre de pueblo favorito de don Claudio Sánchez Albornoz. No lejos está La Antigua, como la isla caribeña pero varada en el secano. En la Cepeda encontramos un Culebros animalístico; en la Ribera, un Turcia algo alcohólico; en Babia un vetusto Vega de Viejos; y en Gordón, un erótico Folledo. En la Montaña Oriental sobresale La Uña, figurando además un primoroso Las Muñecas, un gallináceo Redipollos, un contundente Redipuertas y, como en medio de una partida de naipes, La Sota. El apellido Las Arrimadas tiene su aquel íntimo y mimoso —no olvidemos Las Bodas, plural ceremonia—, y Cuadros como en tienda de marquetería. Hay un eclesiástico Curillas, un seductor Bustos y dos temibles Matanzas (en la Sequeda y los Oteros). Y un tocón Isoba (como La Sobarriba, claro). Y un ortográfico Villacontilde.
Y a modo de epílogo, el mejor de los nombres para terminar el listado y el artículo; una excursión en pareja a este lugar berciano podría entenderse como inquietante indirecta: Tedejo.