MINORÍAS ABSOLUTAS
Independencia
En estos días la palabra vuela y acota significados más allá de su propia expresión. Cada quien tiene su concepto y su idea entorno a la independencia. Yo les muestro la mía.
Independencia es ofrecer lo mejor para cada persona. Esto significa poder disfrutar del AVE en su máximo esplendor quien realmente pueda hacerlo. Pero si no hay doble vía, si no hay manera de viajar a precios más módicos, muchos pueblos y muchos ciudadanos se quedan atrapados por la exclusividad y su independencia se verá cercenada por los que realmente se lo pueden permitir.
Independencia es saber que contamos con un Banco Central Europeo justo y, valga la redundancia, independiente. Y no uno que actúa acorde a decisiones políticas ajenas al buen parlamento económico de la eurozona. Por eso la denuncia puesta por Decide en Común al máximo representante del BCE, Mario Draghi, por tomar decisiones arbitrarias, políticas y para nada centradas en cuestiones económicas, sobre la crisis y la financiación griega, me parece que devuelven un poco la esperanza en la independencia económica que nos merecemos.
Independencia es que ciertos jueces, ex vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) se mantengan al margen en una investigación sobre una trama política, que recae sobre un partido al que ellos han estado sumamente vinculados durante años. La decencia va más allá de la legalidad. Y si queremos dotar de respeto cívico a la justicia, la actitud de los jueces ha de ser más transparente y ejemplarizante que la de nadie. Además de serlo, hay que parecerlo, que dirían en mi pueblo.
Independencia es poder promocionar con dignidad y legalidad en cualquier empresa. Acorde a una transparencia y un método que sea igualitario para todas las partes que quieran participar. Por eso cuando desde CC OO se denuncia prácticas poco ortodoxas en la promoción de trabajadores del Ayuntamiento de León, creo que la solución desde el equipo de gobierno es escuchar y actuar. Todos pueden torcerse... pero quien insiste en la torcedura genera poca amistad de lo límpido y lo bien encauzado.
Independencia sería actuar contra la sinrazón que supone tener casi 3 millones de personas en riesgo de pobreza extrema. La gestión de los bienes comunes para que la dignidad mínima que un ser humano necesita sea factible, está al alcance de los gobiernos. Una renta de 426 euros para los parados de larga duración sin prestación sería el comienzo. Gestionando con honradez y responsabilidad los impuestos –esos que las grandes oligarquías bursátiles se esmeran en no pagar- podríamos asumir una sociedad sin pobreza. Con clase media y clase alta, pero sin las distancias ruines que actualmente se padecen.
Por tanto, compañeros, independencia para mi es todo esto. Otra clase de independencias, más actuales, me interesan mucho menos. Son parte de un juego político que apunta más a los matarifes políticos que a los ciudadanos de a pie.