CULTURA
Viajando en el tiempo
Divina Quinina muestra en Camarote Madrid su visión de la vida en cuatro imágenes

La artista, ayer, en Camarote Madrid, entre Pablo Estilo y Juan Carlos Uriarte
El viaje es como una tentación para los fotógrafos y, en general, para los artistas plásticos. La vida es una sucesión de imágenes. La existencia nos lleva a conocer infinitos escenarios, todos importantes, todos dejan un poso estético que no es fácil de retratar, de salvar del olvido, porque el tiempo se empeña en que se borre, en que todo se extinga. Esto es lo que nos propone Divina Quinina en su última muestra.
Miriam Nieto, que viene de un extraordinario tour a través de los pecados capitales, llega al Camarote Madrid, con las imágenes de una nueva etapa. La ha llamado El tiempo a Mano, y en ella se queda en espacios cotidianos. La joven artista intenta darnos a conocer los rincones en los que vive, las imágenes que son continente sus mismos latidos.
Son solamente cuatro imágenes. La primera una maleta, recuperada del rastro de los sábados, que lleva marcadas en su cuero viejo las marcas de otros mundos, los arañazos del transporte en trenes legendarios. ¿Y dentro? Dentro misterios innombrables, sueños que quizá en algún caso de materializaron, pero que casi siempre se han quedado escondidos tras sus brillantes cerraduras.
Y una ventana. Una ventana corriente, con un visillo vulgar y unas delicadas flores marchitas. Es el tiempo que pasa fugazmente, que nos lleva del prometedor nacimiento, al esplendor mágico de la plenitud y, después… a la brillante melancolía otoñal. Cualquier tiempo pasado no tiene obligatoriamente que ser mejor, pero casi siempre los recuerdos son más sugerentes que la realidad. Una pared, unos números, un guarismo cualquiera que puede servir para hacer hechizos, para recordar una fecha o para marcar un tiempo. Las matemáticas, con su inexorable seguridad, con su exactitud, son para los humanos representación de dioses primigenios.
Finalmente, como no podía ser de otra manera en este viaje, Divina Quinina, tiene una cita con nosotros en un lugar perdido en la niebla, en un reloj que se pierde entre las luces y las sombras de la gran ciudad. Un reloj que marca ese tiempo del que siempre intentamos escapar. El reloj en este caso quizá sea el lugar de encuentro que traerá la presencia de un amigo. Pero el reloj es siempre también el que marca la última cita, esa que nos espera para siempre entre las brumas de un futuro, no per lejano, menos inevitable.
Divina Quinina lo retrata todo en blanco y negro, sin alarde4s técnicos, con la sencillez del que tiene mucho que contar. Por eso hay que perdonarla cada uno de sus pecados y decirle que la esperamos en nuevas citas, esperamos llegar a conocer algún día todo lo que esconde esa enorme maleta en la que esconde sus obras.