Diario de León

CULTURA

El Reina Sofía hace justicia poética con Antonio Colinas

La concesión del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana al leonés Antonio Colinas supone, únicamente, el reconocimiento institucional a la incuestionable trayectoria de una de las voces más destacadas de la lírica contemporánea. El autor bañezano se impuso a 65 destacados escritores en español y portugués

Antonio Colinas ayer en Valladolid, donde le ‘pilló’ por sorpresa la concesión del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. R. GARCÍA

Antonio Colinas ayer en Valladolid, donde le ‘pilló’ por sorpresa la concesión del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. R. GARCÍA

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verónica viñas | león

El verso de Antonio Colinas «nunca adolece de falta de ritmo, tiene una sonoridad inigualable; es un poeta de altura», según el escritor Luis Alberto de Cuenca, uno de los miembros del jurado, a los que el autor leonés preguntó si era una broma cuando le anunciaron la concesión del premio. Es un año especial para el autor de Sepulcro en Tarquinia, que a sus 70 años y con 70 obras publicadas acaba de sacar sus reflexivas memorias. Además, la editorial Siruela está a punto de reeditar su obra completa. Trabajador, humilde, cultísimo, Colinas ha conocido a Erza Pound, a Aleixandre, a Alberti, a los Panero, a Pablo Neruda a Octavio Paz o a su admirada María Zambrano. Lo cuenta en Memorias del estanque.

Sostiene el autor del Libro de la mansedumbre que «No basta con copiar o repetir la realidad, o los temas de la tradición. Hay que hacerlo con palabra que se distinga, con palabra nueva. Es la novedad que ofrece la palabra poética -su necesidad de fulgor, de intensidad, de emoción, de pureza formal-, lo que distingue al poema, lo que hace que el poema sea tal poema y no prosa cortada engañosamente en trozos. Estas son algunas de las características que yo le exijo al poema para que sea verdadero poema».

—¿Qué supone a estas alturas ganar el Premio Reina Sofía para un escritor que no tiene nada que demostrar?

—Me siento emocionado, porque es un premio que se concede también a la poesía portuguesa y brasileña. Los premios pueden servir para mucho o para nada. Este premio sirve, porque supone un estímulo para continuar trabajando. Llega en un momento de plenitud y de madurez. Es el reconocimiento a una vocación, a muchos años de trabajo, con momentos de dificultad, dedicados a la poesía, que es un género que se mantiene a contracorriente. Se premia a la obra poética sobre todo, pero también a mis traducciones de poesía, mi crítica literaria, los ensayos, los artículos periodísticos; en definitiva, medio siglo dedicado a la palabra y a la fidelidad de una voz poética.

—¿El pensamiento poético tiene que estar acorde con pensamiento vital?

—No concibo la poesía sin la vida y la vida sin la poesía. Para mi la vida no es sólo poner unas palabras debajo de otras. Es una forma de conocer la realidad.

—¿Qué es para usted la poesía?

—Para mí ha sido una vía de conocimiento, para conocerme yo y poder crecer. La poesía no es sólo un género o un divertimento, sino un fenómeno anímico. La poesía se presenta cuando fallan el resto de los lenguajes.

—¿Cómo califica su poesía?

—Búsqueda de la plenitud del ser.

—Está considerado como el ‘poeta de la armonía’, ¿está de acuerdo?

—Bien entendido, sí. La armonía viene después de las pruebas y dificultades de la vida. La armonía es un estado de plenitud, pero no es un estado de ausencia de la realidad o falta de compromiso.

—¿Hay poesía en la vida cotidiana?

—Sí. La vida es consustancial a la poesía. A veces hay que testimoniar sobre lo bello; y otras, sobre hechos de este mundo que vivimos ahora, como el tema de los refugiados. Tenemos que sacudir a esta sociedad, que a veces está anestesiada. Contra eso reacciona el poeta.

—¿Considera que el rap es la poesía del siglo XXI?

—Aparte de lo que entendemos por poesía, puede adquirir muchas formas, unida a la música y a otras artes. Lo que entiendo por poesía siempre remite a la palabra fijada en un texto. Desde los orígenes, la poesía es palabra inspirada, palabra nueva.

—Setenta años, setenta libros, ¿es casualidad?

—Sí, setenta libros en primera edición, aparte de libros colectivos. Los libros han brotado con naturalidad o han sido el resultado de años de investigación.

—¿Es supersticioso?

—No, no lo soy. Creo en cosas misteriosas, en fenómenos de sintonía o sincronicidad, como los que se han dado este año en mí y en los que, por cierto, el Diario de León ha estado en este cruce astral. Algo hay en la vida que a veces no controlamos, pero en ningún modo me siento supersticioso. Nosotros somos los que nos hacemos nuestro camino.

—¿Cuál es el deber moral de un poeta?

—Testimoniar con su palabra sobre su vida, sobre la de los demás y sobre el mundo. Tiene algo el poeta de faro o de antena, porque tiene que estar atento a ese sentido de testimonio que tiene la palabra nueva.

—De sus predecesores en el Premio Reina Sofía, ¿cuál es su favorito?

—Todos son merecedores de este premio. Es un premio muy prestigioso, muy objetivo, que suele reconocer, hacer justicia, a toda una vida.

—El premio tiene una dotación de 42.100 euros, menos lo que le quite Hacienda. Un poeta no suele ganar tanto con sus obras, ¿no?

—Así es. También es un reconocimiento económico, que en la etapa de mi vida por la que estoy pasando también tiene esa compensación, nos da seguridad para seguir escribiendo y superar las pruebas por las que a veces pasamos los escritores autónomos «jubilados». Aunque tuviéramos que guardar nuestros escritos en un cajón, el escritor no puede dejar de escribir.

—En algunos casos el Reina Sofía ha sido ‘antesala’ del Cervantes, ¿lo ha pensado?

—No me pronuncio. Para mí, un premio responde a un trabajo. Yo lo he trabajado mucho. Se me puede acusar de cualquier cosa menos de no trabajar. La traducción ha sido un trabajo duro. Pero no piensas frente a la pantalla en blanco en la recompensa. Lo importante es el milagro que es el poema logrado. Si algo tiene que llegar, se nos dará por añadidura.

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