MINORÍAS ABSOLUTAS
Libert(d)ad
La libertad es aquello que uno ansía para sí y viene incluido en todos los demás. Nunca es suficiente la que nos reconocemos y siempre suele ser excesiva la que disfrutan los demás. Los adolescentes reclaman su parcela de libertad, los padres de éstos la suya y si nos vamos a colectivos, la convicción de lo libertario se tiene siempre a un paso grande del hogar propio.
Este problema de la libertad, sobre todo en occidente, es más de conquista personal —y las renuncias que lleva anexa— que la falta de acceso a ella. No sabemos que dando libertad estamos sembrando la nuestra. Es el acto de dar el que la genera, a pesar de la reivindicación necesaria para ciertos parámetros más concretos y sin duda necesarios.
Se me hace curioso y cuesta arriba que desde la izquierda se reclame últimamente la acción legal y represora contra las ideas que uno no tiene a bien compartir. Hemos vivido el caso del autobús de hazteoir.org y creo importante incidir en casos como este.
Muchos somos los que nos hemos indignado con la severa acción judicial que soporta la libertad de expresión en nuestro país contra activistas y artistas de diversa índole. Me acuerdo así por encima de recientes casos como el de los titiriteros, el cantante de rap Josep Valtonyc, o la condena de César Strawberry. Pocos se dan cuenta que en la última década las acciones represoras con la ley en la mano están multiplicándose. Es la versión 3.0 de esa denuncia a la autoridad «por rojo» que tanto odio levantó en esa España que no ha cicatrizado todavía sus heridas por seguir en una ley que transiciona perpetuamente.
Esa medida la estamos ahora viviendo del lado opuesto y no nos damos cuenta del peligro que supone. Si legalmente se censuran los autobuses con mensajes cavernícolas como los de Hazteoir, se está legitimando que hay discursos censurables. Unos dirán que hay legitimidad para hacerlo cuando atentan contra un sentido profundo de igualdad, pero la realidad es que ninguna palabra, ningún discurso, si no se lleva a una acción delictiva concreta, debería ser censurado por la ley. Vociferar que hay que acabar con los rubios del planeta no debería convertirse en delito. Si alguien hace caso de esa voz y atenta contra un rubio, sí que la ley debería actuar —la censura social ha de ser diferente a la censura legal, y aquí cada cual elige qué camino toma y cual descarta—.
Tanto Hazteoir como la dragqueen vestida de virgen tienen derecho a expresar su realidad mientras no se ejerza una discriminación real. La acción inteligente como sociedad moderna es contraatacar a mensajes vejatorios con alternativas, como la del Gran Wyoming y su caravana en respuesta a la propuesta retrógrada de Hazteoir.
Si prohibimos mensajes contrarios a nuestro sentir, legitimamos que la prohibición y la censura avancen en contra de una libertad que debería aumentar su cuota crítica. El derecho a la palabra contraria ha de defenderse a pesar de nuestras creencias personales. Si damos libertad la podremos exigir.