Las marranadas de Panero
Un congreso analizará en Astorga a partir del día 20 la vida y obra del poeta más destacado de una saga maldita.

víctor lerena
verónica viñas | león
Le horrorizaba la vida tanto como la muerte. Leopoldo María Panero, el segundo de los hijos del poeta astorgano y Felicidad Blanc, vuelve a estar en el ojo del huracán tres años después de su muerte. Un congreso reunirá en Astorga los días 20, 21 y 22 a un numeroso grupo de especialistas para diseccionar la obra de un autor que, pese al malditismo familiar y su vida de psiquiátrico en psiquiátrico, se ha convertido en un clásico de las letras españolas y uno de los mejores poetas de las últimas décadas. El congreso en torno al controvertido autor de Rosa enferma y Locos de altar deparará algunas sorpresas, como la revelación de dos poemarios inéditos «de alta calidad», según los organizadores. Las conferencias, abiertas a todo el público, tendrán lugar bajo el techo de la casa familiar de los Panero. Un ciclo que cuenta con una subvención de 2.500 euros del Ayuntamiento de Astorga y que servirá para analizar todas las facetas de un desequilibrado brillante. El profesor Sergio Fernández pronunciará en la primera jornada una conferencia de título tan revelador como Atad a un cadáver con hermosas correas: un acercamiento al sadismo corporal en la poesía reciente de Leopoldo María Panero. Y Gemma Pimienta desvelará la vinculación entre La escritura y la marranada. Palabra explotada y cuerpo horadado en el lenguaje escindido del loco.
Además de un recital de poesía y mesas redondas, la casa de los Panero acogerá la proyección de la mítica El desencanto, de Jaime Chávarri, y Los abanicos de la muerte, del astorgano Luis Miguel Alonso Guadalupe, creador del festival de cortos de esta ciudad.
La palabra más bella de la lengua española para Panero era ‘estantigua’, cuyas dos acepciones encajaban a la perfección en su excéntrica personalidad: fantasma que se ofrece a la vista por la noche, causando pavor y espanto; y persona muy alta y seca, mal vestida. Era también el título de un poemario olvidado y rescatado hace dos años.