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rafael saravia
León

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No hay adiós sin voluntad de olvido, y nada peor para la comprensión humana que intentar olvidar el olvido. Esto, sin duda, tan sólo tiene cabida en las ramificaciones vitales del poema. Hace más de tres años titulé una columna de manera parecida y de manera parecida, con los vaivenes que el tiempo siembra, voy a proceder. En aquella época la rabia del adiós era para los tres guardias civiles que fallecieron en un trágico accidente intentado salvar vidas a costa de las suyas.

Hoy el adiós es menos heroico, pero no menos profundo. Por que en la rotundidad del trabajo diario, en la elección personal —esa que atiende a una excelencia profesional y no a meros brillos económicos o de aplausos vacíos— está sin duda el significado de una vida necesaria y no superflua. En el primer caso, el de nuestro universal actor Federico Luppi, la andanza se demuestra con su filmografía. Enorme y llena de matices que han dejado una diversidad actoral impresionante. Un lugar en el mundo, Lugares Comunes, Cronos, Martín Hache, El laberinto del fauno, Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto… todas ellas quedarían con un vacío irrellenable sin la contundente figura de Luppi.

El segundo caso, es el de las Jornadas Leteo, de las que he formado parte estos diecisiete años de vida que han tenido. Desde la inquietud de la adolescencia, donde las ganas de comerse el mundo no tenían límites, un grupo enormemente heterogéneo de creadores hicieron posible desde el sótano de una librería de viejo, la Librería Leteo, un sueño emocionante: que León, su ciudad, se volcase con la literatura universal y que se reconociera por parte de medios y escritores de todo el mundo.

Así ha sido. Han pasado multitud de personalidades de casi todos los continentes por nuestras jornadas y han enriquecido la escucha y el saber de los lectores de esta maravillosa ciudad. Gracias al esfuerzo desinteresado durante tantos y tantos años de jóvenes -ya no lo somos tanto- que pusieron su alma en conocer, degustar, devorar, gestionar y atraer todas las historias del mundo, todas sus verdades.

Hoy, que tenemos el placer de poder preguntar a Mircea Cartarescu, eterno candidato al Nobel, sobre su universo creativo, quiero decir adiós de manera feliz recordando a casi todos-no hay espacio para tantos que han aportado- los que hicieron posible que estas jornadas hayan sido historia viva de la literatura leonesa. Gracias Rubén, Davizón, Charo, Nacho, Silvia, Alberto, Sandrita, Miguel, Jorgito, Yago, Luis, Amancio, Mª Paz, Sergio, Aurora, Lage, Magalí, Arce, Donis, Rosa, Héctor, Cristina, Emma y tantísimas y tantísimos escritores, fotógrafas, ilustradoras, poetas, escultores, músicos y en definitiva amigos de la idea de que con esfuerzo y ganas se puede construir siempre algo bello.

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El Club Leteo no acaba aquí, sus jornadas sí. Podéis ser parte de esto acompañándonos estos días en las XVII Jornadas Leteo. Pero no lo olvidéis: el adiós es sólo una cara de la moneda; siempre hay un bienvenidos en el anverso que aguarda nueva vida y proyectos.