Diario de León

Un aeropuerto de drones en el monasterio de Sandoval

Carlos Martín Jiménez construirá en el claustro del edificio cisterciense con alumnos llegados de medio mundo una cúpula y dos bóvedas como las que hizo para Norman Foster y que la Bienal de Venecia indultó por primera vez en su historia.

Recreación digital del aeropuerto de drones diseñado por Foster + Partners para Ruanda y otros países de África. FOSTER + PARTNERS

Recreación digital del aeropuerto de drones diseñado por Foster + Partners para Ruanda y otros países de África. FOSTER + PARTNERS

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verónica viñas | león

El monasterio de Sandoval construirá una cúpula y dos bóvedas que tendrán los días contados. A Carlos Martín Jiménez no le molesta que le llamen albañil. Lleva 30 años en un oficio que heredó de su padre. Mañana y durante una semana enseñará a alumnos llegados de medio mundo que sólo con yeso y ladrillos se pueden hacer obras maestras, como el aeropuerto de drones que construyó para la Bienal de Venecia, el único edificio que ha sido indultado en la historia de una de las exposiciones internacionales de arte más antiguas y prestigiosas del mundo.

El Droneport, como es conocido el prototipo para el aeropuerto más pequeño del mundo, fue diseñado por el célebre arquitecto Norman Foster con el objetivo de crear una red de hangares para drones que repartan suministros médicos en África. El arquitecto británico, premio Príncipe de Asturias en 2009, contactó con Martín Jiménez después de que éste diera una conferencia en Boston sobre su técnica —prácticamente desaparecida—.

Lo cierto es que el diseño de Foster para el miniaeropuerto de Ruanda «fallaba» y tuvo que ser «rediseñado» por Martín Jiménez. Foster ya había oído hablar del albañil español porque también fue elegido por Fidel Castro para hacer las bóvedas de la Escuela de Artes de La Habana. Las bóvedas modulares concebidas por Foster para África guardan mucho parecido con las que se levantarán a partir de mañana en Sandoval. Martín Jiménez, que ha rehabilitado y construido más de 300 bóvedas, explica que en el claustro del monasterio leonés van a construir una cúpula (de dos metros de diámetro), una bóveda de cañón (de 2 x 3 metros) y otra de escalera o arista (de 2 x 2).

Este maestro fue el primer galardonado con el premio que otorga el multimillonario norteamericano Richard Driehaus, el mismo que financió un proyecto para rehabilitar el palacio-castillo de Grajal de Campos.

Como anécdota, «un pintor venezolano viaja exclusivamente para asistir a las clases de Martín Jiménez», explica Mónica Martín Sisí, de la empresa Homo Faber, que oferta otras disciplinas de oficios tradicionales, con el auspicio del Ayuntamiento de Mansilla Mayor. El alcalde, José Alberto Martínez, destaca que los siete cursos que impartirá Homo Faber «son de alto nivel y en un entorno único». Anuncia que durante todo el mes de agosto podrá contemplarse el trabajo de Martín Jiménez y sus alumnos. Luego, «las obras se destruirán y los materiales serán reciclados».

Pero hay más. Patrick Tranquart impartirá clases de estuco mármol; Manuel Romero desvelará los secretos de la marquetería con paja de centeno, una técnica desconocida en España y propia del Art Decó —muy de moda en los mercado del mueble londinense y parisino—; Enrique Jaspe descubrirá los complejos mundos del color; Mónica Martín Sisí y Francisco Azconegui adoctrinarán sobre estucos a la cal; y Alfredo Álvarez Arranz, especialista en Restauración de Pintura por la Universidad de Florencia, enseñará las técnicas de la pintura mural (en fresco y seco). Los alumnos de este último curso decorarán la cúpula y las dos bóvedas que erigirá el equipo de Martín Jiménez. «Este año es significativo que el 38 por ciento del alumnado de estucos, generalmente copado por hombres, sean mujeres», destaca Mónica Martín Sisí.

trabajos extinguidos

Al albañil de Foster le hace «mucha ilusión» poder rescatar oficios que prácticamente están extinguidos y hacerlo además en un lugar tan singular como el monasterio de Sandoval. Admirador incondicional de Gaudí, cuyas obras son, en esencia, un juego de bóvedas y catenarias, afirma que «el yeso y el ladrillo son los materiales más baratos y que con ellos se puede construir absolutamente todo». Recuerda que muchas de las ciudades que fueron devastadas durante la Guerra Civil luego se reconstruyeron con bóvedas tabicadas, ante la falta de madera y hierro. Sin embargo, el oficio se ha perdido.

«Estamos en un país donde los oficios son menospreciados», dice. En su opinión, «hay que empezar por denominarlos bien para dignificarlos». Asegura que un oficio proporciona actualmente más salidas profesionales que una carrera universitaria. «El oficio no se aprende en cinco años. Yo llevo 30 y cada día descubro algo nuevo». Defiende recuperar las categorías profesionales: auxilliar, ayudante, encargado, maestro...

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