exposición
Y la tierra se hizo arte en el Condado
La Fundación Cerezales abre la exposición ‘Aquí eran los ojos los que hablaban’, de Fina Miralles y Rita Ponce de León . La relación entre paisaje y creación, clave en sus propuestas.

La artista peruana Rita Ponce de León, con el comisario de la muestra, Juan Canela, ante una de las obras montadas en esta nueva exhibición. MARCIANO PÉREZ
e. gancedo | león
Que la Fundación Cerezales Antonino y Cinia reflexione e invite a reflexionar sobre el entorno, sobre el paisaje y sobre las raíces y la memoria no es novedad para nadie... aunque quizá sí lo sea el acento, el subrayado que en esta ocasión han procurado de que, en ese entorno, tan importantes como la geografía y la botánica son los ojos, los oídos y las voces, las personas que lo han formado y nos han formado a nosotros. Porque esos son algunos de los componentes de la exposición Aquí eran los ojos lo que hablaban, de Fina Miralles y Rita Ponce de León, que ayer inauguró la fundación en sus vanguardistas y cada vez más visitadas instalaciones de Cerezales del Condado.
Al acto acudió numeroso público, parte del cual había participado, en días pasados, en el taller de Rita Ponce de León del que surgió una vídeo-instalación asimismo presente en la muestra. La artista peruana, que estuvo produciendo parte de su obra en la fundación durante el mes pasado, se detuvo en resaltar la importancia de la relación con el entorno y con sus pobladores, y dijo haberse sentido enormemente bien acogida por la entidad y por los vecinos de Cerezales.
«Mujeres-árbol»
Además, junto al comisario de la exposición, Juan Canela, y Mais Creus, doctora en Historia del Arte y experta en la obra de Fina Miralles —quien no pudo acudir por problemas de salud—, protagonizó un animado debate en torno a las intersecciones entre arte, paisaje y biología. El título y la trama de este proyecto, que pone a dialogar las prácticas artísticas de Miralles (Sabadell, 1950) y Rita Ponce de León (Lima, 1982), creadoras de distintas generaciones pero unidas por motivos e inquietudes, surge de un capítulo del libro Testament Vital, en el que la catalana recuerda su paso por distintos lugares de Sudamérica, donde convivió con pueblos originarios de la región. «Aquí eran los ojos los que hablaban, y no las palabras… nos entendíamos con el sentimiento y la mirada», escribió en su cuaderno.
La energía vital que nos rodea, y que también es humus artístico, está en la raíz de sus propuestas. Desde la fundación recordaron que una de las obras que pueden verse es Dona-arbre (Mujer-árbol), una acción que tuvo lugar en 1973 cuando Fina Miralles enterró la mitad de su cuerpo en un campo de Sant Llorenç del Munt. «La artista aparece sumergida en la tierra, evidenciando que el ser humano es también un ser de materia natural. El árbol, una imagen poética persistente en el trabajo de Miralles a la hora de plasmar su pensamiento sobre la naturaleza, la cultura y el mundo simbólico, es un elemento que aparece también en numerosos trabajos de Ponce de León, y sirve aquí como figura metafórica sobre la que construir el proyecto. Las formas de los chopos, nogales y robles que rodean a la FCAYC, y que se reflejan en el muro cortina de la sala de exposiciones, hacen que su presencia se cuele en su interior», comunicaron.
Para Ponce de León, dibujar constituye una forma particular de pensar y ser pensado, y así, Unos en otros es una serie de dibujos realizados en Cerezales donde el cuerpo de la artista establece un diálogo con el territorio. Las líneas recorren el papel vegetal e incluso le dan forma mediante el corte para extenderse por la pared, adentrándose en la relación entre lo natural fuera de nosotros y nuestros cuerpos.
De esta manera, los proyectos de Fina Miralles y Rita Ponce de León rescatan distintos saberes que comprenden «un mundo común en el que los humanos no somos ya el centro de nada» y donde la vida «emerge frente a todo lo demás». «Si en este mundo hiperconectado una vuelta a cierta esencia es necesaria, los trabajos en esta exposición articulan un diálogo sincero entre ellos y con el entorno, creando conexiones sensibles y conformando un lenguaje poético a partir de un estrecho diálogo con la tierra y una intensa presencia del ser», sintetizaron.