Treinta limitaciones de velocidad igualan las condiciones del AVE y la Feve en León
Vía estrecha, alta velocidad y media distancia en carril convencional comparten las trabas ferroviarias. Las retricciones temporales son perpetuas en las conexiones ferroviarias

Un tren regional camino al Manzanal, en una de las vías con más limitaciones en León.
Entre los renglones torcidos de las vías que conducen a León, destaca el embudo de las agujas más allá del Pisuerga, provincia de Valladolid, que iguala la velocidad del AVE con el tren convencional entre toboganes camino a Orense por el Manzanal y la marcha de Feve en Matallana. A treinta, en rombo, a treinta por hora, en el altar más elevado de las limitaciones para las composiciones que circulan por la plataforma de alta velocidad en un momento en el que la precaución es tema del momento en el balance de las causas noticiables de la actualidad ferroviaria. Las limitaciones comunicadas que afectan a la circulación que llega o parte de la provincia leonesa, lejos de solucionarse, se mantienen. Si acaso, con la excepción de la vía convencional con Asturias, liberada desde hace tres años de la presión del tráfico, que atenúa la reducción de velocidad. En la alta velocidad está también el acotado de Villada (provincia de Palencia) que rebaja el paso de los trenes por debajo de un límite de 80 por hora, otro contraste explosivo frente al tope que permite el cuenta kilómetros de los propulsados, que pueden seguir a veces los viajeros en las pantallas de los coches. Ese visor de propaganda, les dirá a los viajeros que circulan a máximas de 160 por hora cuando el tren se ponga a la altura de Segovia; y a 230 por hora en Soto del Real. Las restricciones se acaballan en la línea de puntos que marca el cauce del tren por lo que llaman corredor norte, con Gijón al fondo y a la otra esquina, la proyección mesetaria: Arcas Reales, a treinta, como Medina del Campo y Paredes de Nava.
La lectura de la velocidad topada de los trenes se solapa una vez que el ferrocarril supera la capital leonesa por el norte; Santibáñez a cien, antes de bifurcar la circulación en Pajares, con sentido a la Rampa, y ahí sí, un rosario de tabletas que hacen pensar en el que tiempo no pasa por la zona; Villamanín, a cincuenta; Linares, a la misma velocidad, Soto del Rey y Malvedo, a 30. A 30, de nuevo en Villabona, donde la vía que parece concebida sin pecado por el paréntesis de la Variante devuelve al viajero a la realidad. El paso de entrada a los túneles, en la bifurcación Pajares, está limitada a 140 kilómetros por hora. El eje transversal desde Asturias a León y la continuidad hasta más allá de los límites de la provincia de Palencia tiene un paralelismo en el parque temático de las limitaciones en el repertorio ferroviario leonés por esa manga de la línea 800, abandonada desde que los políticos decidieron dejar dos tercios del territorio aislado de la alta velocidad acomodada en el salto a Galicia por Zamora. Así se comprenden mejor las limitaciones a 50 por hora entre Brañuelas y Folgoso; la de 30 por hora de Folgoso a la Granja; 50, de la Granja a Albares; 30 otra vez de Albares a Torre; los 140 por hora de Ponferrada a Dehesas; la fluidez contra las normas de la física con limitaciones a 120 y a 30 entre Dehesas y Toral de los Vados. Y a 30, de nuevo, entre Toral y Quereño. Una treintena de limitaciones temporales convierte en perpetuas las deficiencias de bulto que padece la conexión y las comunicaciones de Léon por tren. A ese nivel, todo el estrato se iguala. El AVE, la Feve, el media distancia.